Política

Carromero, un ‘chico para todo’ de lujo

Carromero regresa esta semana a su puesto como consejero municipal, tras llegar de Cuba

El dirigente de Nuevas Generaciones cobra 50.474 euros anuales por ayudar a una concejal

Carromero (izquierda) proyecta diapositivas en una conferencia de la edil Begoña Larrainzar en Arganda, el pasado febrero. / NUEVAS GENERACIONES

Cita el lunes por la mañana en el centro de inserción social, que decidirá las condiciones de la semilibertad, y vuelta, cuanto antes, a la vida normal. Son los planes que tiene para esta semana el número tres de Nuevas Generaciones de Madrid, Ángel Carromero, de 27 años, condenado a cuatro años de prisión por la muerte de los disidentes cubanos Oswaldo Payá y Harold Cepero en un accidente de tráfico, cuando él conducía, ocurrido en julio del año pasado en la isla caribeña.

Por eso, para él es una prioridad reincorporarse a la Junta Municipal de Moratalaz (Madrid), a las órdenes de la concejal popular Begoña Larráinzar, para quien Carromero ya trabajaba como consejero técnico antes de su detención. Un puesto por el que cobra 50.474 euros anuales, como consta en la relación de puestos de trabajo del Ayuntamiento de Madrid, y en el que tiene dos ayudantes a su cargo, según explican empleados de la Junta, pese a no contar con una licenciatura.

Carromero, liberado del partido desde los 23 años, procede de una familia sin apuros económicos. Su madre, Isabel Barrios, posee un gimnasio en el barrio de Salamanca y sociedades dedicadas a comercializar productos de belleza. Él vive en un piso de un barrio acomodado, el de Retiro, y se empeñó desde joven y con ganas en el trabajo de partido. Su carrera política era aún muy plana, pero su nombre se llegó a barajar para presidir Nuevas Generaciones en Madrid, aunque, según fuentes del PP, los partidarios del hoy todopoderoso presidente madrileño, Ignacio González, le pusieron múltiples zancadillas.

Carromero pertenece a un sector del partido más moderno, que rompe la imagen tradicional del pijo de abrigo Barbour y zapatos castellanos. Por eso, provoca opiniones contradictorias: entre las filas de sus adversarios internos es “un chico poco brillante”, mientras que sus afines lo describen como un tipo “con ganas”, tímido pero no retraído, que nunca habla mal de nadie.

Siempre ha contado con el apoyo de Pablo Casado, amigo y mentor que se convirtió en el portavoz de la familia, hoy diputado nacional y anterior dirigente de la organización juvenil en Madrid y, sobre todo, mano derecha del expresidente José María Aznar. Por eso, cuando demostrar que tenía un empleo era un factor decisivo para la semilibertad que le concedió el viernes Instituciones Penitenciarias, el partido se volcó. Hasta Esperanza Aguirre apareció de su retiro y fue a visitarlo a Segovia.

“Cuanto antes empiece, será mejor para demostrar la buena fe”, explica su abogado, José María Viñals. El lunes se decidirá además si se le impone una pulsera telemática para tenerlo bajo control, pero que duerma en casa, o debe pernoctar de lunes a jueves en el centro de inserción social. Y podrá regresar al ritmo habitual.

“Es un puesto de libre designación”, asegura Pedro Delgado, secretario general de CC OO en el Ayuntamiento de Madrid, para explicar por qué el Consistorio no tenía obligación de guardarle el empleo, pero tampoco de echarlo porque haya ahora una condena.

Como el PP, que cuenta con la mayoría en el Consistorio madrileño, todos los grupos (PP, PSOE, IU y UPyD) tienen asesores y, en la práctica, colocan a miembros de su partido. Hay casi dos centenares a cargo de los presupuestos municipales.

Sobre el papel, el trabajo del Carromero consiste en asesorar a la concejal en su trabajo diario: las juntas municipales tienen entre sus competencias la actividad sociocultural de los barrios y la gestión de algunos trámites administrativos como las licencias comerciales, los vados y obras menores, entre otros. Poco más.

Ángel Carromero abandona la prisión de Segovia. / Alvaro Garcia

En la práctica, coinciden varias fuentes, tanto dentro como fuera del PP, el papel de Carromero es el de “chico para todo”. Tiene un trabajo sin responsabilidades, pero con múltiples ocupaciones. “Hace de todo y nada”, explica un funcionario. “Picoteaba en todo, pero no se le conocía una actividad concreta y se pasaba todo el día hablando por el móvil, caminando por los pasillos”.

Eso le permitía dedicar un mayor esfuerzo al trabajo de partido, aunque también allí hacía trabajos muy variados: desde organizar eventos a movilizar a la militancia. Además, como Larrainzar es la responsable de función pública del PP, su mano derecha la apoya en la asesoría de los grupos populares de los 179 Ayuntamientos que hay en Madrid (gobiernan en 139). Le prepara papeles, discursos, hace los contactos con los concejales y, en general, la ayuda. Un trabajo silencioso con el que pretendía dar el salto a un cargo más lucido. Un sueño quizás truncado por el viaje a Cuba.

Sin despacho en Moratalaz

Durante los meses que Ángel Carromero ha pasado en Cuba, se ha quedado literalmente sin el despacho que tenía en las dependencias de la Junta Municipal de Moratalaz, donde trabajaba antes del viaje a Cuba.

A principios del pasado noviembre, cuando él llevaba ya tres meses encarcelado, el forjado del edificio se cayó y toda la sede fue precintada y desalojada por evidente peligro de derrumbe. Desde entonces, el inmueble está cerrado y las oficinas y todo su personal han sido trasladados a otras dependencias, mientras duran las obras de rehabilitación del techo.

La mayor parte de los servicios administrativos de la junta están ahora alojados en los dos edificios anejos, situados en la misma calle —Fuente Carrantona, número 8— de Madrid. La concejal que preside el distrito, Begoña Larraínzar, en cambio, no.

En un primer momento, la oficina y el equipo de la edil se trasladaron al primer piso de las dependencias de los servicios sociales de la junta. Sin embargo, fuentes de este departamento aseguran que la concejal pidió un nuevo alojamiento en otras dependencias municipales porque no le gustaba el espacio que se le había asignado a su equipo. Desde entonces, Larraínzar acude todos los días a trabajar a una oficina municipal situada en la calle de Bustamante, a varios kilómetros y que ni siquiera está ubicada en el distrito que gobierna.

Lo previsible, según estas fuentes, es que, cuando Carromero se incorpore de nuevo como consejero técnico municipal, se instale junto a Larraínzar. Aunque empleados de la junta señalan que tendrá que desplazarse hasta Fuente Carrantona. “Parte de su trabajo consiste en supervisarnos, así que nos tendrá que venir a ver para poder hacerlo”, señalan.

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Redactora de Política en EL PAÍS

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