El Congreso roza al fin la paridad

La sustitución de 32 diputados permite que las mujeres con escaño alcancen el tope histórico

Las diputadas ya suponen el 39,7% del hemiciclo: son 139, 15 más que hace un año

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría (sentada), y la portavoz socialista, Soraya Rodríguez, en el Congreso el pasado abril. EL PAÍS

La diputada Isabel Sánchez, de EAJ-PNV, se convirtió el pasado 19 de diciembre en la última mujer en llegar al Congreso, en sustitución de Josu Erkoreka, nuevo portavoz del Gobierno vasco y consejero de Administración Pública y Justicia. Junto a ella, otras 14 mujeres han entrado en el hemiciclo en el último año para ocupar el puesto vacante dejado por compañeros de partido. La marcha de 32 diputados (entre ellos cinco mujeres), desde que en noviembre de 2011 comenzó la legislatura, ha permitido que el Congreso roce al fin la paridad: las 139 diputadas que hay en la actualidad ya suponen el 39,7% del hemiciclo, el máximo histórico en democracia.

Hace un año, tras las elecciones generales, las mujeres solo eran el 36% de los 350 parlamentarios. Un porcentaje que quedaba lejos de la regla de paridad, que considera equitativa una representación de no menos del 40% y no más del 60% para uno y otro sexo. Entre otras cosas porque la Ley de Igualdad que la recoge —que solo se ha aplicado en las dos últimas elecciones generales, en 2008 y en 2011—, no la impone en los escaños, sino en las listas electorales. Además, los partidos se las han ingeniado en ambas ocasiones para situar a los hombres en puestos de cabeza, ya que la norma permite que de cada cinco puestos solo un mínimo de dos esté reservado a un sexo. En la práctica, al confeccionar las listas, ellas son relegadas a los puestos más bajos.

Precisamente esto es lo que viene a demostrar que, un año después, el Congreso haya mejorado las estadísticas de igualdad. Porque solo cuando los compañeros que estaban en los puestos de salida dejan vacantes, ellas pueden entrar en el Congreso.

La mayoría de las mujeres que se han incorporado este año a la Cámara baja pertenecen al PP, partido que no solo tiene el Grupo Parlamentario más amplio, con 185 escaños, sino que también es el que ha sufrido más bajas, porque muchos de los que iban en sus listas tuvieron que renunciar al escaño.

Algunos lo hicieron para ingresar en las filas del Gobierno, como José Luis Ayllón, antes diputado por Barcelona y ahora secretario de Estado de relaciones con las Cortes, o José María Lasalle diputado por Cantabria y actual secretario de Estado de Cultura. Tras 23 años de diputado por Alicante, Federico Trillo dejó su escaño para ser embajador de España en Londres. Otros renunciaron a ser diputados para presentarse en las cuatro convocatorias electorales autonómicas que ha habido en un año —como la número uno de la lista del PP en Asturias, Mercedes Fernández, Cherines—, o para cubrir puestos en diferentes instituciones —como Elvira Rodríguez, nueva presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores—. De forma que ahora hay 77 diputadas del PP, 10 más que hace un año, pese a que cuatro mujeres han abandonado el escaño en ese periodo.

El PSOE era el partido que llevaba más mujeres en puestos de salida en sus listas, pero tras los resultados de las elecciones generales perdieron 59 escaños y 29 mujeres. De 71 diputadas pasaron a 42. Ahora ganan dos más. Porque se han incorporado tres, pero también perdieron una: la exministra de Sanidad, Leire Pajín, diputada por Alicante, que se marchó a trabajar a la OMS.

El tercer grupo con más representación femenina es el mixto: 7 mujeres de 18 parlamentarios. Dos corresponden a Amaiur, otras dos al BNG, una a Geroa Bai, otra a Coalición Canaria y otra a ERC.

A continuación le sigue CiU con cinco mujeres de 16 diputados; IU, con tres de 11, UPyD con dos de cinco y EAJ-PNV con uno de cinco. Además, Compromís y Foro Asturias no presentan ninguna mujer en el único escaño con el que cuenta cada partido. Pero será difícil que estas cifras mejoren hasta las próximas elecciones generales, en 2015.

Han pasado más de cinco años desde que por primera vez se aplicó en las candidaturas electorales la Ley de Igualdad, instaurada por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que hizo de las políticas a favor de la mujer uno de los rasgos característicos de sus dos mandatos.

Sin embargo, hasta ahora, dos convocatorias electorales después, y cuando ha tenido que transcurrir un año de la formación de la Cámara, no se había logrado que el Congreso se acercara a la paridad. En 2004, las últimas elecciones antes de la ley, las mujeres llegaron al tope del 37,1% de los escaños. En las siguientes, en 2008 y en 2011, con los resultados electorales en la mano, bajaron al 36%. Ahora ha quedado claro que la igualdad no es solo una cuestión de leyes, sino de impedir que se utilicen triquiñuelas para eludirla.