Política

Rajoy duda si abstenerse o apoyar el Estado palestino en la ONU

Israel y los árabes presionan a España ante una votación que divide a la UE

Mahmud Abbas. / FABRICE COFFRINI (AFP)

Mariano Rajoy se enfrenta a su decisión más delicada en política exterior desde que llegó a La Moncloa: apoyar o no el ingreso de Palestina como Estado observador de Naciones Unidas, lo que supone un primer paso para su reconocimiento diplomático. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha anunciado que presentará su candidatura el día 29 ante la Asamblea General de la ONU, pese a la actual escalada de violencia en la franja de Gaza.

Abbas tiene el respaldo de más de un centenar de países, lo que garantiza el éxito de su iniciativa, pero Israel ha convertido en casus belli el voto de la Unión Europea, que aporta el 50% de los fondos que la comunidad internacional dona a Palestina. Las presiones sobre los países que aún no se han definido, como España, se han multiplicado: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, llamó el pasado día 7 a Rajoy para advertirle de las consecuencias de un voto positivo en la ONU, mientras que el jefe de la diplomacia palestina, Ryad Al Malki, entregó ese mismo día en Moncloa una carta de Abbas en sentido contrario. Los embajadores de los países árabes en Madrid, desde Arabia Saudí a Marruecos, se han movilizado en apoyo de la causa palestina.

España se ha escudado en la necesidad de buscar el consenso en la UE. Así lo reiteró ayer el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien advirtió en Jerez de que la situación en Oriente Próximo está llegando a límites “muy peligrosos”. El problema es que los embajadores de los 27 en Bruselas ya han constatado la división europea, por lo que los ministros se limitarán el próximo lunes a intentar minimizar daños.

Algunos países se han decantado abiertamente por el sí, como Bélgica, Luxemburgo o Irlanda, mientras que se da por sentado el no de Italia, Holanda o República Checa. En medio hay un amplio grupo de países que no se han definido y podrían optar por la abstención.

Así las cosas, España tendrá que retratarse. Si vota a favor del Estado palestino, Israel tomará “buena nota”, y difícilmente volverá a albergar una conferencia como la celebrada en Madrid en 1991, en los prolegómenos del proceso de paz. Si se enfrenta a la causa palestina, puede olvidarse de que los países árabes apoyen su candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU en el bienio 2015-16.

En esta tesitura, el Ministerio de Asuntos Exteriores, según las fuentes consultadas, es partidario de mantener la “tradición diplomática española” —es decir: alinearse con la posición árabe—, ya que la abstención, salvo que fuera fruto de un improbable acuerdo en la UE, “no contentaría a ninguna de las dos partes” y el voto negativo se descarta. El año pasado, todavía bajo Gobierno del PSOE, España apoyo el ingreso de Palestina en la Unesco, una de las principales agencias de Naciones Unidas. Pero la decisión última, admiten las mismas fuentes, se tomará “al máximo nivel”: será el propio Rajoy quien decida. Y en Moncloa pueden tener más peso los argumentos de Netanyahu y del propio Obama.

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