Política

Rajoy y Mas juegan a todo o nada la partida clave para la política española

El presidente se vuelca en Cataluña para impedir la mayoría absoluta de CiU

Los dirigentes del PP se reparten los papeles: Camacho y Cospedal los duros

Sánchez-Camacho y Rajoy, durante el mitin de Lleida.

Nada más salir de la estación del AVE en Lleida, a Mariano Rajoy le esperaba una visión: una bandera estelada (la independentista) en un balcón frente a él. Durante todo el camino hasta el auditorio de La Lonja, donde daba su primer mitin de la campaña catalana, había unas cuantas más. Frente a la entrada del auditorio, otra más. Y además un grupo de poco más de 50 personas abucheándole. Eso en una de las capitales catalanas menos independentistas. Son datos parciales, pequeñas anécdotas que sin embargo recuerdan algo que La Moncloa ya tiene claro hace tiempo: que en estas elecciones del día 25 se juega la batalla clave de la política española, la de la crisis independentista en Cataluña. Y se juega sobre todo entre dos protagonistas, aunque haya otros actores secundarios importantes: Artur Mas, que lucha con todo para lograr la mayoría absoluta, y el propio Rajoy, que mueve todas sus piezas, contactos internacionales incluidos, para evitarlo. La partida clave de la política española es a todo o nada en 15 días, el 25-N.

El presidente del Gobierno ha decidido, como hizo en las elecciones gallegas, hacer hueco en su agenda para ofrecer cuatro mítines en campaña, uno por cada provincia. Pero además, el Gobierno y el PP nacional también han decidido volcarse. Prácticamente todos los días hasta el cierre visita Cataluña algún ministro o dirigentes conocidos, en especial Javier Arenas, Dolores de Cospedal o incluso Esperanza Aguirre, la expresidenta de Madrid, hiperactiva y más presente que nunca desde que anunció su dimisión.

La presencia de ministros, eso sí, se ha cuidado. Acudirán mucho algunos como Alberto Ruiz-Gallardón, bien valorado en Cataluña, o José Manuel García-Margallo, que lidera la batalla europea del Ejecutivo para que los catalanes sepan que si hubiera independencia unilateral —no pactada con el resto de España— Cataluña saldría de la Unión Europea. Este asunto es clave en la estrategia de Rajoy. “¿Cómo se le puede decir a los catalanes ‘yo me voy de Europa para luego volver a entrar’?. Eso no es posible, eso no es cierto. No se puede engañar en un tema tan importante como este. Un gobernante tiene la obligación de mirar a la gente a la cara y decirle la verdad”, clamó el presidente en Lleida. También acudirán a Cataluña ministros sectoriales como Miguel Arias Cañete para vender la nueva y más laxa ley de costas en Girona, con mucho litoral e intereses turísticos. También llegará Cristóbal Montoro. Sin embargo, otros más polémicos, como José Ignacio Wert, no están previstos, aunque aún no está toda la agenda cerrada.

Al margen del evidente desembarco, que demuestra que La Moncloa y el PP entienden que las elecciones catalanas son decisivas para la política nacional, la clave es la estrategia. El PP aspira a ser segunda fuerza gracias al hundimiento del PSC. Pero no está nada claro. Los populares tienen en Cataluña un agujero negro, aquí son vistos como un partido muy a la derecha. Tanto que los estrategas del PP temen que mucho voto del PSC desencantado, en vez de irse con ellos, se vaya con Ciutadans. Por eso confían en que la división de ese voto con UPyD frene un poco este ascenso de Ciutadans.

Rajoy, como ha hecho siempre, trabaja con un doble discurso. A Alicia Sánchez Camacho, la candidata catalana, cercana al presidente, y otros dirigentes nacionales como Dolores de Cospedal, se les deja el tono más duro. Sánchez Camacho llegó a llamar “Mesías” a Mas y remató: “el pueblo de Cataluña no necesita mesías”. “Los convergentes os están engañando a Cataluña con una arcadia feliz. Nosotros le decimos la verdad y contamos las consecuencias de la independencia. El separatismo no paga las pensiones. Si saliéramos de Europa Lleida perdería 310 millones en fondos europeos. Habría fronteras con los hermanos de Aragón”, llegó a plantear.

El PP se dio cuenta de que Mas, al dejarle Rajoy todo el espacio durante varias semanas, logró convencer a buena parte de los catalanes de que él había ofrecido un acuerdo posible y fue el presidente quien le dio un portazo en La Moncloa. El giro de estrategia de Rajoy ha sido radical y ahora él acude a Cataluña —hoy estará en Tarragona— con la idea de que es un hombre dialogante e incluso recupera la idea de la “España plural” que tanto se le criticó a Zapatero. “La gran mayoría de catalanes se sienten catalanes y españoles y yo les entiendo porque yo me siento gallego y español. Y esas identidades suman, no restan, enriquecen”, dijo en Lleida.

El PP sabe en cualquier caso que, pase lo que pase, cuenta con una garantía la noche electoral: el resultado del PSC será tan duro que, de nuevo, como sucedió tras las elecciones gallegas, el protagonista será la crisis interna del PSOE que se recrudecerá sin duda después.

De hecho, el desembarco del PP es totalmente diferente a la estrategia del PSOE: el PSC es un partido autónomo, tiene su propia campaña, se la juega en solitario y el propio Alfredo Pérez Rubalcaba parece querer alejarse de un posible resultado negativo. De hecho, no se va a volcar tanto como en la campaña gallega. No está cerrado, pero en principio vendría solo el lunes y para el cierre de campaña.

Algunos dirigentes del PP están así tranquilos porque saben que pase lo que pase, el PSOE estará peor que ellos. Pero a Rajoy y su entorno lo que realmente le preocupa es qué va a pasar al día siguiente si Mas saca la mayoría absoluta. Cada vez más gente cercana al presidente teme que realmente CiU, sobre todo Convergència, vaya en serio y ya no tenga marcha atrás la deriva independentista. Él, mientras tanto, prefiere el discurso más tranquilizador: “¿Y qué vas a hacer luego?” preguntó de forma retórica, como si hablara con Mas, durante el mitin. “¡A un manicomio es adonde tiene que ir!”, le gritó un señor. Rajoy templó: “Es la hora de la serenidad. Yo voy a trabajar con sentido común para que las cosas vuelvan a la normalidad. Creo que es lo que desea la inmensa mayoría. Nos jugamos mucho en estas elecciones. El PP se compromete a utilizar el voto para dialogar y ayudar a resolver un problema que otros han creado”.

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