Política

Rajoy se mueve para limitar el poder de González como sucesor de Aguirre

Los ‘marianistas’ intentan que González no controle el PP, aunque sea presidente regional

Después de la primera sorpresa tras la inesperada dimisión de Esperanza Aguirre, los marianistas, la mayoría muy enfrentados a Ignacio González, designado como sucesor, empiezan a moverse. Muchos de ellos confiaban en que su líder, Mariano Rajoy, vetara a González como presidente de la Comunidad de Madrid como le vetó en 2009 como presidente de Caja Madrid. Pero todas las fuentes consultadas dan por hecho que no va a ser así. Aguirre acudió a La Moncloa a decirle a Rajoy que lo dejaba y que quería que González fuera su sucesor. Y el presidente, según distintas fuentes, pese a su enemistad manifiesta con el vicepresidente de Madrid, aceptó esa decisión, aunque siempre con esa ambigüedad que le caracteriza.

No porque le parezca bien, sino porque ahora mismo no considera que sea el momento, en plena crisis económica, para dar una gran batalla en Madrid de éxito incierto, porque González es el artífice de las listas de la Asamblea de Madrid y tiene controlado el Grupo Parlamentario, con lo que el marianismo podría enfrentarse a una derrota de su candidato alternativo. Rajoy devolvió ayer la llamada esperada a González, lo que fue considerado por muchos como un gesto de autorización a su candidatura.

La situación, los movimientos rápidos del aguirrismo y la crisis económica parecen trabajar juntos para que en pocos días, probablemente el miércoles o jueves de la próxima semana, Ignacio González se convierta en presidente de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, los movimientos se suceden en la calle Génova para tratar de frenar su poder a medio plazo. La secretaria general, Dolores de Cospedal, hizo ayer una ronda de llamadas con dirigentes relevantes de Madrid y otras comunidades. De todos ellos quiso recabar su opinión sobre González —ella siempre mantuvo una relación de gran cercanía con él, aunque su enfrentamiento con el presidente les distanció— y evaluar posibles salidas a esta situación inesperada. González, mientras, daba absolutamente por hecho su nombramiento como presidente y hacía una ronda de radios para consolidar esa opción. Su mensaje era claro: Aguirre le había contado, explicó, que Rajoy le había dicho que estaba de acuerdo con que él fuera el nuevo presidente. Esta idea, repetida en público, consolidaba su opción y hacía aún mucho más difícil cualquier intento por frenarla.

Algunos marianistas siguen intentando que se vete el acceso de González a la presidencia. Pero esa tesis no parece estar triunfando. Por el contrario, el movimiento de la dirección va más encaminado, según diversas fuentes, a impedir a toda costa que González se convierta en el nuevo presidente del PP de Madrid. Esto es, que lo controle todo.

Ese movimiento político tendría un sentido: limitar su poder y preparar la siguiente batalla, la de la candidatura a la presidencia de la Comunidad en 2015. González, si estos planes funcionaran, sería presidente de Madrid de forma solo temporal, hasta que sus enemigos internos se organicen.

La operación está aún abierta. Se está fraguando y el final es aún incierto. Pero el intento de la dirección consistiría en que un congreso, no muy lejano, elija a otra persona como presidente del PP de Madrid. Aguirre, como la totalidad de los dirigentes regionales del PP, acumulaba los dos cargos. Una forma de consolidar los liderazgos de los barones regionales: son presidentes del partido y además presidentes autonómicos o líderes de la oposición.

Aguirre colocó a González como secretario general del PP madrileño y destituyó a Francisco Granados, entregando así el poder al que ya se apuntaba como su sucesor natural. El intento de Génova pasaría por colocar a otra persona al frente del PP madrileño, un experimento que ya se vivió cuando Pío García Escudero dirigía el partido y Alberto Ruiz-Gallardón presidía la Comunidad. Sobre los nombres, las especulaciones están disparadas aunque sin ninguna certeza. El que más gustaba a Génova fue siempre Lucía Figar, consejera de Educación, que sonó incluso como posible ministra. Otro de los posibles nombres es el Javier Fernández Lasquetty, consejero de Sanidad, ex secretario general de FAES y una persona muy cercana a José María Aznar pero también a Esperanza Aguirre. Pero la operación está lejos de quedar cerrada.

Desde el aguirrismo se da la visión absolutamente opuesta. Se insiste en que Aguirre, de momento, sigue siendo la presidenta del PP de Madrid y eso, dicen, ahora no es lo importante, sino nombrar al presidente de la Comunidad. Los aguirristas aseguran que tanto Rajoy como sobre todo Cospedal han mostrado en privado su apoyo a la candidatura de González, por lo que el debate les parece absurdo y hablar de lo que va a pasar dentro de tres años, con la candidatura de 2015, aún más extraño cuando nadie sabe en qué situación política se llegará.

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