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REPORTAJE

El amigo murciano de Ratzinger

De misionero en el Caribe a promotor de una universidad para 10.000 alumnos que dona millones al Vaticano. José Luis Mendoza es uno de los laicos con más poder en la Iglesia

El cardenal Ratzinger durante su visita a España en 2002, junto al director de la Universidad Católica de Murcia, José Luis Mendoza, su esposa y sus 14 hijos.

El 21 de enero de 2011, el Ministerio de Educación italiano denunció a España ante la Comisión Europea. Roma había detectado “una anomalía en el tipo de formación de máster de profesorado impartido por la Universidad Católica San Antonio de Murcia para ciudadanos italianos licenciados”. Al Gobierno italiano comenzaban a llegarle títulos de esta desconocida universidad de Murcia para que los convalidara. Italia pedía a la UE que interviniera ante lo que consideraba “un abuso de la directiva europea” —que le obliga a reconocer títulos de otros países de la UE— y avisaba de que iba a interrumpir el reconocimiento. “La Universidad Católica aceptaba prácticas realizadas antes de que se hubieran licenciado y algunas incluso en campamentos de verano. Como el título valía en la UE, los italianos pagaban, venían aquí y evitaban su examen”, explica una fuente próxima al caso. Por esas fechas, unos 1.400 abogados italianos ya se habían colegiado en Murcia previo pago de unos 3.000 euros en la Universidad Católica. Realizaban un curso por Internet, llegaban en avión a Alicante, pasaban un test, se colegiaban y podían ejercer en Italia. Se libraban así del duro examen que se exige para ejercer a los licenciados en Derecho de ese país. Otras universidades españolas habían aprovechado la rendija, pero fue la Católica de Murcia la que más la utilizó. La queja a Bruselas, a la que ha tenido acceso este diario, cita que la Embajada italiana en Madrid había presentado dos protestas en mayo y agosto de 2010 y España no había contestado.

Este es solo uno de los episodios polémicos que ha protagonizado esta universidad, envuelta en la controversia desde que el 13 de noviembre de 1996, el entonces obispo de Cartagena, Javier Azagra, firmó el “decreto de erección” de la universidad. Lo hizo amparado en los Acuerdos con el Vaticano, de 1979, por lo que no necesitaba autorización de la Administración. Pero tuvo una peculiaridad: la universidad no sería de la Iglesia, sino de una fundación, la de San Antonio, creada en 1984 por el laico José Luis Mendoza. Se trata de un hombre amable, expansivo, sin medida, de leve barba blanca recortada, capaz de atender al periodista durante casi dos horas el pasado viernes sin rehuir ningún tema. De 62 años, natural de Cartagena, padre de 14 hijos, exmisionero en la República Dominicana —a la que llegó en 1990 con ocho hijos y de la que volvió tres años después con 11—, no tiene problema en hablar de los cheques que con frecuencia entrega en persona al papa Benedicto XVI. El último de ellos, de 100.000 euros, apareció en manos de Paolo Gabriele, El Cuervo, el mayordomo procesado por robar a Ratzinger.

“La universidad va bien, y como va bien podemos hacer estas donaciones”, explica ante la estatua de Juan Pablo II que preside la entrada al centro. No es un edificio anodino, sino un precioso monasterio del siglo XVIII que Mendoza restauró con una inversión de 14 millones.

La Universidad Católica aceptaba como periodo de prácticas campamentos de verano realizados antes de que se hubieran licenciado. Como tenían que reconocerlo en la UE, los italianos pagaban y venían aquí

Mendoza ha tenido muchos apoyos en la Iglesia. No solo Azagra. El cardenal Antonio Cañizares —hoy en el Vaticano como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos— le dio un “apoyo total” cuando desde la diócesis de Granada administraba la de Cartagena. Cañizares ya había intentado en Ávila crear una universidad parecida, aunque no llegó al éxito de la de Murcia. También sumó el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela. El respaldo de la comunidad autónoma, que preside el popular Ramón Luis Valcárcel, hizo el resto.

En 1997, el mismo año que abrió la universidad, conocida como UCAM, Mendoza comenzó a llevar en persona cheques al Papa para el Óbolo de San Pedro. Dinero que la Iglesia debe destinar a los más pobres. Afirma que ha dado 49 millones de euros en 15 años al Vaticano y a otras obras religiosas. Gracias al respaldo de la Iglesia, las cajas de ahorros, sobre todo la CAM y Cajamurcia, no ponían problemas a la hora de conceder créditos. Ni el Ayuntamiento de Murcia a donarle 135.000 metros cuadrados de suelo, ni el Ministerio de Defensa a adjudicarle terrenos en Cartagena. Todo eran facilidades. La única línea de tranvía de Murcia llega a la puerta de la UCAM pese a que está en la huerta, a las afueras de la ciudad.

Mendoza ofrecía clases pequeñas, de 60 alumnos como máximo, estudiantes controlados, un aprobado casi garantizado, las asignaturas de Teología y Doctrina Social de la Iglesia en todas las carreras, prácticas y unos precios -entre 2.000 y 5.000 euros anuales- mucho menores que los del Opus, Deusto o ICADE. “Somos la Universidad privada más barata. La matrícula es casi un 50% menor que las de las demás privadas”, cuenta orgulloso Mendoza. El crecimiento fue espectacular: de 680 alumnos el primer curso (1997-98) a 1.500 el segundo, 2.500 el tercero y ya supera los 10.000. Hoy ofrece 23 grados y 31 másteres. Incluso sus mayores críticos admiten el mérito de sumar tantos alumnos en tan poco tiempo y que hay titulaciones dignas.

Pero, en Murcia, quien se opone a Mendoza tiene las de perder. Una consejera de Educación del PP puso anuncios en la prensa local alertando a los posibles alumnos de que Mendoza ofrecía títulos no homologados. Duró poco en el cargo.

En septiembre de 2005 llegó como obispo a Murcia Juan Antonio Reig Pla, que intentó controlar la UCAM. Consideraba que al ser una universidad fundada bajo los acuerdos con la Santa Sede no podía ser propiedad de la fundación de un laico. Tenía que estar a las órdenes del obispo. La Abogacía del Estado concluyó en julio de 2008 lo mismo: que era de la Iglesia y que la Fundación de Mendoza le podía dar apoyo. El 14 de noviembre de 2008, Reig Pla hizo público un duro comunicado: “La Universidad Católica San Antonio nunca ha sido exceptuada ni por el derecho ni por un decreto de la potestad ordinaria y plena del obispo diocesano”.

Su último gran logro ha sido conseguir la titulación de Medicina, la carrera que Mendoza abandonó hace 32 años

Por entonces, Mendoza ya había cultivado excelentes relaciones en el Vaticano. Con Juan Pablo II y con el cardenal Joseph Ratzinger, que visitó la UCAM durante un congreso en 2002. Nada más entrar a su despacho, Mendoza entrega al periodista una foto de sus 14 hijos junto a Ratzinger. “Por la mañana temprano rezábamos antes del congreso. Luego, charlábamos de todo y por la tarde nos íbamos en el coche con mi mujer por ahí. Fue un regalo conocerlo. Cuando lo veo le cuento cómo va la universidad”. Hace dos años, el papa Ratzinger dio la comunión a la hija menor de Mendoza, cuyo despacho está jalonado de fotos suyas con el Pontífice.

Durante la disputa con Reig Pla, las cajas de ahorros, que ya comenzaban a sentir el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, cerraron el grifo. Había dudas sobre la propiedad y el futuro del centro. “Lo pasamos mal pero nunca dejamos de pagar las nóminas y no hemos quitado ninguna paga extra”. Entonces llegó el proceso de Bolonia a rescatarlo, con su renovación de títulos, y con las pasarelas con las que los diplomados necesitaban un curso de un año o dos para conseguir un grado, como se llaman las nuevas carreras. El formato ideal para la UCAM, una universidad flexible y con horarios de tarde e incluso de fin de semana.

Conforme crecía el enfrentamiento público, Reig Pla se vio sentenciado. “Estoy esperando al motorista”, cuentan que confesó a sus íntimos, en alusión al sistema usado por Franco para relevar a sus ministros. El motorista llegó menos de seis meses después, en marzo de 2009, cuando fue trasladado a la diócesis de Alcalá de Henares. “Yo creo que Reig Pla estaba mal asesorado”, cuenta Mendoza, que enseña un díptico con la carta del secretario de Estado vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, que el 10 de agosto de 2010 le dio la razón. “La titularidad y la propiedad pertenecen a la Fundación [San Antonio]”, concluía el poderoso Bertone.

Mendoza recuerda la pugna como un episodio muy duro. “Durante esa época recibía llamadas amenazándome de muerte con voz distorsionada. Yo era un laico contra un obispo y nunca quise responder públicamente”. No hay un solo capítulo en la corta vida de la UCAM que no suene a folletín: a las intrigas vaticanas y políticas con millones en juego hay que añadir las denuncias de acoso, las recalificaciones urbanísticas y los dossieres.

El poder de Mendoza se mide por la altura de los adversarios que ha vencido. Siempre cargos relevantes en una mediana capital. Todos los rectores de la Universidad pública (la UMU) han intentado pararlo. La UMU denunció hace unos dos años ante la Comisión Universitaria para la Regulación del Seguimiento y Acreditación, del Ministerio de Educación, una decena de pasarelas de la UCAM ante la facilidad que tenían unos graduados para conseguir otros títulos. Educación no ha tomado ninguna medida.

El Colegio de Ingenieros de Caminos ha criticado que la UCAM imparte un máster en la materia mediante clases a tiempo parcial, conferencias y sin apenas profesorado ni doctores. Por eso llegó a pedir suspender el proceso de matriculación. La Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) acaba de enviar una inspección. Tras la denuncia, la UCAM acaba de contratar a tres doctores en Caminos. Mendoza lo atribuye a los celos de la Politécnica de Cartagena, cuyos profesores, dice, son del Colegio de Caminos. La pública solo tiene 12 alumnos por curso frente a los 70 que gradúa al año la UCAM.

Es la respuesta típica de Mendoza, que asegura que si Italia llevó al caso a la Comisión Europea fue por la insistencia de un sindicato izquierdista “al que le molestaba que vinieran a España a sacarse el título, pero eso no quiere decir absolutamente nada. Los títulos están entregados”. Las críticas de la Universidad pública responden a los celos y a un rector que “ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio”.

Durante la disputa con Reig Pla, las cajas de ahorros, que ya comenzaban a sentir el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, cerraron el grifo.

Su último gran logro ha sido conseguir el permiso para impartir la titulación de Medicina, la carrera que Mendoza abandonó hace más de tres décadas. El Ministerio de Educación bloqueó su aprobación los últimos cinco años. Alegaba falta de instalaciones como un lugar adecuado para diseccionar cadáveres o un hospital en el que realizar prácticas. El Gobierno del PP desbloqueó el proceso y el pasado 23 de julio la Comunidad de Murcia anunció el visto bueno —por siete votos a cinco— del Consejo de Universidades, el último órgano del trámite. El consejero de Universidades, José Ballesta, exrector de la Universidad pública, se inhibió en el proceso y se fue a Luxemburgo el día de la votación. El anuncio lo tuvo que hacer su número dos, el catedrático de Medicina Eduardo Osuna, que en privado se había opuesto a la UCAM. Osuna fue reprobado inmediatamente por su propia Facultad por “deslealtad”. Juan Guillamón, exdecano de Caminos, diputado del PP y declarado opositor de Mendoza, también votó a favor por orden del partido.

Mendoza esboza una media sonrisa cuando se habla de su poder: “No es eso. Es que me asiste el derecho y la razón. Si tuviera tanto poder no habría tardado tanto en conseguir Medicina”.

Los 45 alumnos de Medicina en la UCAM pagarán una matrícula de unos 9.000 euros —menor que la de Navarra— y realizarán prácticas en los hospitales públicos. Esto ha supuesto críticas por poner instituciones públicas al servicio de una privada. Mendoza, que no cuenta cuánto pagará a la comunidad por usar sus hospitales, sí revela el enfoque que dará la UCAM a la bioética. “Es importante que un joven escuche la voz de la Iglesia y sepa que el aborto es un atentado contra la vida de un ser humano en el seno de la madre. He tenido aquí a las víctimas del aborto, 12 o 14 mujeres, y me decían que ha sido horrible, que habían deseado no vivir, y que habían abortado manipuladas”. Sobre la eutanasia, algo parecido. Y lanza una advertencia cargada de sentido común: “No obligo a nadie a venir aquí. Además, hay que pagar. Quien no quiera que no venga”.

Mendoza abrazó el Camino Neocatecumenal (los kikos) hace 32 años y presume de su amistad con el fundador, Kiko Argüello, aunque no se ve ninguna foto suya en el despacho. Sí hay una pequeña estampa enmarcada de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei: “San Josemaría es un gran santo. Me encomiendo mucho a él”. Sus hijos, cuenta, han estudiado en colegios del Opus.

Entre las pocas personas que en Murcia públicamente critican a Mendoza y a la UCAM está Germán Teruel, expresidente del consejo de estudiantes de la pública y actualmente doctorando entre España e Italia: “La UCAM es una máquina de vender títulos, un monstruo y una vergüenza para Murcia. No me opongo a una universidad privada y de la Iglesia. Ojalá Deusto o ICADE abrieran aquí, pero esta es otra cosa”. Otros de los consultados solo hablan con la condición del anonimato. “Es que yo luego tengo que vivir aquí”.

Con sus más de 10.000 alumnos y 1.470 empleados, todo el mundo en Murcia conoce a alguien en la UCAM. Unas 10.000 familias de clase media son muchos votos. El equipo de baloncesto de la ACB y otros 17 de otras disciplinas están patrocinados por la UCAM. Ha creado un club de fútbol de Segunda B.

Mendoza es un hombre sin fin, que no parece decidido a parar. “Tuve que hipotecar mis bienes y deshacerme de mi patrimonio para levantar esto. Me pararé cuando me muera. El hombre está de paso en la Tierra cumpliendo una misión y esta es la mía”. Ahora habla de planes en Roma, Singapur, Yakarta, Paraguay... Y en España, de Alicante y Málaga, además de una red de colegios. E insiste en que nada de eso lo heredarán sus hijos porque ha dejado todo en herencia a la Iglesia. El tiempo dirá si esto es el principio de algo grande o de otra burbuja. Él no duda: “Un grupo norteamericano me ha ofrecido 300 millones y he dicho que no”.

Entre sus planes está Cuba, con cuyo Gobierno dice mantener “extraordinarias relaciones”. Fue allí donde el pasado 26 de marzo, durante la visita de Benedicto XVI, entregó al nuncio el cheque que apareció en manos del mayordomo. Aunque se ha conocido ahora, gracias al auto de procesamiento de Paolo Gabriele, el Vaticano recuperó pronto el talón y lo cobró. El Óbolo de Mendoza llegó a su destino.