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23 presos de ETA han sido excarcelados desde 1996 por enfermedad

Otros 11 reclusos de la banda están en régimen de prisión atenuada

José Manuel Azkarate Ramos y Esteban Esteban Nieto.
José Manuel Azkarate Ramos y Esteban Esteban Nieto.

La excarcelación de presos enfermos, sean de ETA o no, es una posibilidad prevista en el Código Penal, en la Ley General Penitenciaria y en el Reglamento Penitenciario por razones humanitarias. Se le concede al preso la posibilidad de morir en casa, cerca de su familia. Por lo general, estas libertades condicionales pasan desapercibidas. En el caso de terroristas o delincuentes con otros crímenes especialmente atroces detrás, la situación se complica, y se abre el debate de si el Estado debe ser magnánimo con quien fue en extremo cruel con sus víctimas. Pero, con las leyes en la mano, desde 1996 han sido excarcelados 23 presos de ETA, según datos facilitados por Instituciones Penitenciarias.

Además, hay otros 11 reclusos de la banda que se encuentran en régimen de prisión atenuada y cumplen la pena en su domicilio. No se les ha concedido el tercer grado ni la libertad condicional, pero sí se les ha aplicado el artículo 100.2 del reglamento penitenciario, que permite que accedan a un régimen de semilibertad y salgan de prisión. Muchos de ellos, con control telemático. Esta fórmula fue utilizada sobre todo por la anterior secretaria general de Instituciones Penitenciarias, la socialista Mercedes Gallizo, para tener un mayor control sobre los presos que eran excarcelados en un momento en el que ETA no había decretado aún el cese definitivo de la violencia y cualquier decisión de excarcelación era fuertemente contestada.

¿Qué dice la ley?

El artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario que se invoca en el caso de Iosu Uribetxeberria, enfermo de cáncer, dice: “Los penados enfermos muy graves con padecimientos incurables, según informe médico, con independencia de las variables intervinientes en el proceso de clasificación, podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias y de dignidad personal, atendiendo a la dificultad para delinquir y a su escasa peligrosidad”

Tanto el PP como el PSOE han excarcelado a presos de ETA enfermos. Algunos han muerto casi de inmediato, como Esteban Esteban Nieto, miembro junto a Iñaki de Juana Chaos del comando Madrid y liberado por un cáncer hepático en 1999. Falleció seis meses después. Otros, aún viven 20 años después. Son excarcelados por el efecto negativo que puede tener la cárcel en la grave enfermedad que padecen. Sucedió así con el exmiembro del comando Bizkaia José Manuel Azkarate Ramos, excarcelado en 1992 por padecer varices esofágicas tras una sonora polémica. Azkarate fue detenido en marzo pasado en Francia porque no cumplía con las comparecencias que le habían sido impuestas desde junio de 2011, pero el mismo día de su arresto se le volvió a conceder la libertad con nuevas medidas de control.

En los últimos años han sido puestos en libertad, entre otros y con el régimen de prisión atenuada, Belén González Peñalva, exmiembro del comando Madrid, enferma de cáncer, en 2009; y Juan José Rego Vidal, implicado en el intento de asesinato del Rey de 1995, en 2010.

Los presos de ETA no solo son excarcelados por enfermedades físicas. También por padecimientos psiquiátricos que se consideran incompatibles con la estancia en prisión. Una de las últimas liberadas por enfermedad mental, también a través de la figura de la prisión atenuada, fue Sagrario Ioldi, de 55 años. Condenada por colaborar en los secuestros de los empresarios José María Aldaya y Cosme Delclaux y en prisión desde 2002, abandonó la cárcel el 27 de septiembre de 2011. Otro de los últimos excarcelados fue Ibon Iparragirre. Su delito había sido colocar un artefacto explosivo en la sede del PSE de la localidad guipuzcoana de Elgoibar en 2008. Salió por padecer VIH en un estado de gravedad, uno de los supuestos previstos por Prisiones.

En ocasiones, la decisión sobre los enfermos no implica la excarcelación sino el mero traslado a cárceles vascas para que estén cerca de su familia. Los acercamientos tampoco están exentos de polémica. El traslado de Aitzol Gogorza a Bizkaia en abril, el primero que llevó a cabo el Gobierno del PP, generó una gran polémica entre las asociaciones de víctimas.