Política
ANÁLISIS

Solo esperar a que pase el día

El Gobierno se esforzó en mostrar la máxima naturalidad ante la jornada de huelga general

“Hemos dicho que no somos Grecia... y nos están mirando”. Esta apreciación de un alto dirigente del Grupo Parlamentario Popular explica el ahínco con el que el Gobierno se esforzó en mostrar la máxima naturalidad ante la jornada de huelga general. Parecía que un acontecimiento de esa naturaleza apenas tuviera relevancia a ojos de los miembros del Ejecutivo. Con el discurso del no pasa nada empezó y terminó la jornada de huelga contra la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy, cuando solo lleva cien días en La Moncloa.

La octava huelga general de los últimos 30 años fue acogida por los gobernantes populares con una sonrisa beatífica y la machacona proclama de “absoluta normalidad”, inaugurada por el propio presidente a primera hora de la mañana. No fue una improvisación sino una decisión meditada y compartida por la ministra de Empleo, Fátima Bañez, que siguió la misma estela. Tanta reiteración a que el día casi era como cualquier otro, dejó, finalmente, un aire de impostación por inverosímil.

No les importó a los actores que tuvieron que interpretar el papel emplearse a fondo en sonreír y no responder a los requerimientos de los sindicatos. El Gobierno haría todo lo posible por quitar dramatismo a la jornada. Además, de la preocupación por el juicio que se pueda hacer de España en las instituciones comunitarias y en los mercados, el Gabinete tenía la absoluta determinación de no calentar —y animar— la huelga con un ataque a los sindicatos.

Superada la jornada, ciertamente con normalidad, salvo los escasos incidentes de orden público ajenos a los sindicatos y a los trabajadores que secundaron la huelga, el Gobierno no se va a mover. No echar leña al fuego no significa acceder ni ceder un palmo de terreno. “No podemos dar marcha atrás”. Esta apreciación de un miembro del Gobierno invoca la zona de peligro en la que España se encuentra con voces oficiosas en Bruselas que lanzan de nuevo la inquietante especie del rescate.

La huelga general no tendrá resultados prácticos por mucho que los sindicatos advirtieran anoche que tras esta protesta habrá más a partir del 1 de mayo si no hay una reconsideración de la reforma más favorable a los empresarios que nunca se haya hecho. La “agenda reformista” del Gobierno es imparable, adelantó la ministra Fátima Báñez. ¿No se puede esperar nada tras la huelga? A que pase el día, respondió el jefe de la patronal, Juan Rosell.

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Periodista de EL PAÍS

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