Política
JOAQUÍN ALMUNIA | Vicepresidente de la Comisión Europea

“Se podía haber logrado margen en el déficit sin tanto ruido, sin desafíos”

“España no ha detallado el porqué de la desviación del déficit en 2011”, dice el comisario europeo “El calendario viene condicionado por las elecciones pasadas y próximas”

Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea. / CORDON PRESS

De vez en cuando, pero solo de vez en cuando, Bruselas tiene un toque surrealista. Camino del despacho del vicepresidente de la Comisión, Joaquín Almunia, hay un edificio de la UE en el que hace años se descubrieron micrófonos de espionaje colocados por una empresa del Gobierno israelí; nunca se han dado explicaciones convincentes sobre una de esas historias que pasan de largo misteriosamente. Ya frente a su mesa, Almunia se muestra afable y cordial, pero la entrevista se demora unos minutos mientras el comisario cabaretea un rato con las palabras —el miserable clima centroeuropeo, la mala salud de hierro de los periódicos— y va lanzando miradas furtivas al ordenador. Gol del Athletic. Al Manchester, nada menos. Solo entonces arranca una charla en la que Almunia (Bilbao, 1948) va y vuelve acerca de otro choque, entre España y la Comisión, por el déficit de 2012: admite que el viento ha cambiado y los objetivos deben suavizarse, pero critica con dureza las formas del Gobierno en ese pulso. Tras una hora de entrevista, el Manchester ha caído eliminado; la sensación es que en el otro partido, entre España y la Comisión, de momento solo hay goles en propia puerta.

Pregunta. ¿En qué se ha equivocado España para que el Eurogrupo corrija una decisión del Consejo de Ministros?

Respuesta. Hay que distinguir el fondo de la cuestión y los procedimientos. Sobre el fondo, en Bruselas no somos estúpidos: sabemos que los objetivos de ajuste presupuestario no pueden ser inamovibles si cambian las expectativas de crecimiento, como ha sucedido en particular en España.

P. ¿Entonces el error es ese pavoneo de la “soberanía nacional”?

R. La meta de déficit para 2012 se fijó hace más de dos años. Y España siguió apostando por esa cifra, el 4,4%, aun cuando la economía empeoraba. También han cambiado las reglas: se cedió soberanía nacional con el euro, y se ha cedido aun más con el refuerzo de las reglas de coordinación y de disciplina fiscal. Es un error que una comunidad autónoma diga que no le afectan las reglas de disciplina que debe cumplir España: el mismo error comete España cuando justo después de firmar un tratado que fija las reglas de austeridad anuncia en rueda de prensa que el Gobierno es tan autónomo como antes.

P. Y, sin embargo, en el fondo es cierto que viene una recesión dura, y que será aún más dura con ese recorte que se impone.

R. La disciplina presupuestaria exige compromisos explícitos de todos los países, aunque la experiencia muestra que no basta con disciplina: hay que afrontar varios problemas simultáneamente para salir de la crisis.

P. ¿Es lógico fijar metas de déficit al milímetro y mantenerlas pase lo que pase?

R. Las metas de déficit están en discusión; las reglas no. En el caso español ha habido cierto apresuramiento por un problema de calendario. Por las elecciones, y por otras razones, el Presupuesto de 2012 llega tarde. El calendario español viene condicionado por las elecciones pasadas y las próximas: se está intentando cuadrar varios círculos.

P. ¿Rajoy no enseña sus cartas por cálculos electorales?

R. Da la sensación de que Rajoy enseña solo una parte. España no ha explicado suficientemente el porqué de la desviación del déficit en 2011, y cuando se reconoce una desviación de tal magnitud en un momento complicado, la credibilidad requiere explicaciones claras. Se podría haber llegado al mismo déficit final si el Gobierno hubiera utilizado otras formas, sin tanto ruido. Sin haber planteado un desafío, sin crear un problema de confianza. Pero el Ejecutivo prefirió el argumento de la soberanía nacional.

P. ¿Hubo negociaciones con la Comisión para anunciar el 5,8%?

R. Mi impresión es que han faltado explicaciones.

P. ¿Un recorte de 35.000 millones en un año condena a España a una recesión aguda?

R. Esta no es solo una crisis española. Es verdad que la política de consolidación presupuestaria por sí sola tiene un sesgo restrictivo, pero el crecimiento no depende solo de la política fiscal: depende de muchas otras políticas económicas, de lo que haga el conjunto de la eurozona.

P. En el último tratado aprobado hay 16 artículos: 15 hablan de austeridad. Solo uno de crecimiento. ¿Esa asimetría no es peligrosa?

R. Es exclusivamente un tratado de disciplina presupuestaria. Hay otras medidas sobre la mesa, además de las acciones del BCE. Pero si no hay disciplina fiscal, si se tiene la sensación de que las cuentas están asentadas sobre un terreno movedizo, no habrá forma de crecer.

P. Hasta ahora se han aprobado reglas de déficit cero constitucionales, ese tratado de disciplina, Italia y España han aprobado reformas muy duras. ¿Qué más hay que hacer para ver medidas a favor del crecimiento?

R. En Europa falta coordinación. Falta capacidad para tomar decisiones en interés del conjunto, en vez de pensar en el interés particular de cada uno. Por desgracia, con la crisis se agudiza esa tendencia.

P. Hace 10 años Romano Prodi decía que el libro de reglas de la UE era “estúpido”. Luego vimos cómo se las saltaban Alemania y Francia en 2003.

R. Hasta que estalla la crisis, y gracias a la revisión de 2004-2005, se aplicó el Pacto de Estabilidad y se redujo el déficit agregado de la eurozona al 0,6%. Pero en 2010, cuando la crisis de la deuda, espoleada por el desastre griego, contamina al sistema bancario, la pólvora ya se había gastado en las políticas expansivas de 2008 y 2009. Esa pólvora no se puede volver a usar: es pólvora quemada.

P. Muchos países no van a cumplir sus metas: no pueden. En el caso español, ¿pasar de un déficit del 8,5% al 3% en dos años no es pedir un imposible?

R. Lo que no es sostenible es despreocuparse del desequilibrio en las cuentas públicas. Hay que ver por qué se está produciendo un incremento rapidísimo de la deuda.

P. Sigue por debajo de la media.

R. No nos hagamos ilusiones. La deuda española con relación al PIB es más baja, pero la prima de riesgo es, de nuevo, superior a la de Italia. O mejoramos nuestras condiciones de financiación externa o no tendremos capacidad para crecer de forma sostenible.

P. Se escapa, comisario. ¿55.000 millones en dos años no es un disparate?

R. Eso es fijarse solo en una parte de la realidad. España tiene una serie de problemas y hay que tenerlos todos presentes para definir la estrategia correcta. Hay que reducir el problema de endeudamiento, público y privado. Hay otros desequilibrios persistentes: perdemos competitividad desde la entrada en la eurozona sin posibilidad de devaluar, hay que recuperar el crecimiento potencial que se ha evaporado al estallar la burbuja inmobiliaria… No solo es cuestión de esfuerzo fiscal: no es verdad que con menos recortes resolveremos las cosas. Un menor esfuerzo agravaría otros problemas.

P. Es curioso que al final, aunque poco, se da margen a España el mismo día que se multa a Hungría por incumplir sus metas. ¿Hay doble rasero?

R. Hungría tenía unos objetivos fijados para 2011. O corrige sus incumplimientos o en 2012 se pueden suspender los fondos de cohesión. Bélgica tenía su objetivo fijado en 2012: por eso se le pidieron medidas adicionales. España tiene un objetivo para 2013, otros para 2014. En cada país, según su situación, las instituciones fijan unos objetivos. Y si se incumplen, ahí están las reglas.

P. El PSOE y la izquierda alemana apoyan a François Hollande en su promesa de renegociar el tratado de disciplina fiscal si gana las elecciones francesas. ¿Le preocupa?

R. No. Me parece lógico que, desde una posición socialdemócrata, se haga lo posible para reforzar una estrategia de crecimiento que complemente, sin sustituirlas, las políticas necesarias para recuperar una posición sostenible de las cuentas públicas. Lo que no pueden hacer los países cuya prioridad es la consolidación fiscal deben ayudar a conseguirlo quienes tienen margen de maniobra. Y por supuesto, la eurozona debe apoyar las iniciativas de la Comisión relativas al crecimiento.

 

Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea. / danny gys (cordon press)

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