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Exteriores instruye a los embajadores para justificar la condena a Garzón

Exteriores remite a todas las delegaciones una circular con instrucciones

Margallo, el 8 de marzo en el Congreso.

La promoción de la Marca España es una de las obsesiones del nuevo ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García Margallo, que quiere implicar a empresarios, deportistas, cocineros, literatos o artistas en un proyecto destinado a relanzar la imagen internacional de nuestro país que tendrá su puesta de largo el próximo 25 de abril en un acto presidido por el Rey en el Teatro Real.

Sin embargo, algunas noticias de relevancia mundial han amenazado en las últimas semanas con arruinar ese esfuerzo. Una de ellas ha sido la sanción por dopaje al ciclista Alberto Contador y su secuela de parodias en medios de comunicación franceses. Otra, de más calado, la condena del juez Garzón y su expulsión de la magistratura.

En el primer caso, Margallo movilizó al embajador de España en París, Carlos Bastarreche. En el segundo, su reacción ha sido mucho más discreta pero también más amplia. Según ha podido confirmar EL PAÍS, todas las embajadas españolas han recibido en las últimas dos semanas una circular, de carácter secreto, sobre el caso Garzón. El escrito, de unos dos folios de extensión, contiene un argumentario que debe servir a los embajadores para defender ante la opinión pública de los países en los que están destinados la polémica sentencia del Tribunal Supremo. En concreto, se subraya que España es un Estado de derecho con un sistema judicial independiente, por lo que el Gobierno del PP ha sido absolutamente ajeno a los problemas judiciales de Garzón.

El escrito asegura que el Gobierno ha sido ajeno al proceso contra el juez

Tras relatar someramente los hechos por los que ha sido condenado a 11 años de inhabilitación —las escuchas ilegales de las conversaciones entre los cabecillas de la trama corrupta Gürtel y sus abogados—, la circular subraya que la sentencia fue aprobada por unanimidad de los miembros del tribunal, sin votos discrepantes. Finalmente, el escrito pide a los embajadores que informen de las reacciones que la condena de Garzón ha provocado en su país de destino y de las gestiones que han tenido que realizar para minimizar daños.

La tarea de los embajadores no es fácil. La expulsión de Garzón de la carrera judicial fue ampliamente recogida por los principales medios de comunicación del mundo, del diario The New York Times a la cadena Al Jazeera, casi siempre en tono crítico.

Garzón cuenta con una inmensa popularidad, sobre todo en América Latina. Su orden de detención del general Agusto Pinochet, en 1998 en Londres, marcó el principio del fin de la impunidad del exdictador chileno; y su proceso contra el excapitán de la Armada Adolfo Scilingo abrió la puerta al procesamiento de las juntas militares argentinas y a la abolición de las leyes de punto final. La propia presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, interrumpió su discurso de apertura del periodo de sesiones del Parlamento, el pasado 1 de marzo, para calificar de “afrenta contra la justicia universal” la condena del juez, invitado de honor en la sesión, y dedicarle una ovación que secundaron todos los diputados.

Si algunos miembros del PP celebraron la condena de Garzón, para el jefe de la diplomacia española fue un quebradero de cabeza cuyas consecuencia para la imagen de España resultan todavía difíciles de evaluar.