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ANÁLISIS

¿Criminis? ¿Qué criminis?

El fiscal del Estado debería saber que en el sumario del 11-M hay distintos informes periciales sobre los trenes, los vagones donde estallaron las bombas, los objetos encontrados, así como las características de las explosiones

El fiscal del Estado, Eduardo Torres-Dulce, aprovechó ayer un desayuno informativo para soltar la noticia. Se había enterado por una supuesta información periodística de que en el almacén de una empresa de Villaverde había restos de uno de los trenes de los atentados del 11-M.

Torres-Dulce se apresuró a explicar a los periodistas que no pretendía revisar los hechos probados de la sentencia del 11-M (en la que se atribuyó la autoría de la matanza a los yihadistas de la célula de Leganés y se descartó la intervención de ETA), pero que ante esa “notitia criminis” ha actuado como corresponde, es decir, ordenando al fiscal de Madrid que abra una investigación. El objeto de la misma sería identificar los restos, ordenar su custodia y judicializar el asunto, si no lo estuviera ya.

Impresionante decisión, porque el fiscal del Estado debería saber que en el sumario del 11-M hay distintos informes periciales sobre los trenes, los vagones donde estallaron las bombas, los objetos encontrados, así como las características de las explosiones. También hay un informe conjunto de Policía y Guardia Civil en el que llega a desestimarse la posibilidad de reproducir la deflagración en un vagón similar. Todas las pruebas y pericias se habían practicado antes de que el juez diera permiso para desguazar los vagones a Renfe, su legítimo propietario. Y ese resto de Villaverde lleva allí desde hace años y se sabía que estaba allí. Así que ¿dónde está la noticia?

Además, a preguntas de los periodistas, ha aventurado que “a priori, podría ser un delito de obstrucción a la justicia”, aunque añadió: “Es posible que a lo mejor no exista ningún, ningún, ningún delito”. De modo que ¿criminis? ¿qué criminis?

Los conspiranoicos están de enhorabuena, porque para lo único que sirve la orden del fiscal es para alimentar el delirio.