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El Gobierno ataca a los sindicatos pero ofrece retoques a la reforma

Santamaría pide transparencia a los sindicalistas y dice que protestan porque pierden poder

Anima a los manifestantes a pensar en los parados

Santamaría, durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.
Santamaría, durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros.

El juego de ajedrez político entre el Gobierno y los sindicatos tras la reforma laboral ha comenzado. El Ejecutivo es consciente de que se juega buena parte de su imagen en esta reforma, que está siendo muy criticada por su dureza. Hasta que se presenten los Presupuestos, que serán durísimos, este es el campo de batalla. Y el Gobierno, con una cierta cautela que caracteriza a su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, empezó ayer a jugar muy en serio para desacreditar a los sindicatos y tratar de evitar que la protesta del domingo sea un éxito.

La estrategia fundamental del Ejecutivo pasa por argumentar que los sindicatos protestan porque pierden poder para negociar con los empresarios —un planteamiento que ya defendió el miércoles Mariano Rajoy— y que las centrales no representan los intereses de los cinco millones de parados, sino solo de los empleados.

La vicepresidenta se esmeró en lanzar ese mensaje muy claro en varias respuestas en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. Pero no solo eso. Enfilada en la línea de ataque con tono suave y fondo muy duro a los sindicatos, entró también en el asunto de sus sueldos, después de que El Mundo y La Razón publicaran ayer que el líder de UGT de Madrid, José Ricardo Martínez, recibe 180.000 euros de Caja Madrid, que según explicó el sindicato él entrega íntegramente a UGT. La vicepresidenta, lejos de evitar este espinoso asunto —en el mismo puesto que ocupa Martínez, con el mismo sueldo, hay muchos exaltos cargos del PP como Ángel Acebes, y los populares nunca han querido informar con detalle de los sobresueldos que paga el partido a los altos cargos— Sáenz de Santamaría pidió a los jefes de los sindicatos que hagan públicos sus salarios: “Sería buena la transparencia. Sabemos cuáles son las subvenciones, las hemos reducido un 20%. Ellos deben decidir si cuentan lo que cobran allí y lo que puedan cobrar por otras vías, como estamos conociendo. El Gobierno está haciendo un ejercicio de transparencia, los sindicatos que reciben subvenciones públicas deberían valorar si no ha llegado el momento de hacerlo para los ciudadanos y sus afiliados”.

Pero además de este toque de atención, el mensaje político más fuerte vino a la hora de hablar de la manifestación del domingo. El Gobierno está convencido de que no habrá huelga general, lo que más temen, pero aún así quiere evitar en lo posible el éxito de esa protesta a pocas semanas de las elecciones andaluzas. “A quienes se manifiesten les pido que también piensen que deberían representar a todos esos que no tienen un empleo”, dijo.

Ese es el mensaje más fuerte: los sindicatos piensan en su poder y no en los parados. Lo remató después: “Entiendo que los sindicatos protesten por una menor presencia o poder en el marco de la relaciones laborales. Pero nosotros hemos pensado en los derechos de los trabajadores en paro”. Y sin embargo, el Gobierno también quiere lanzar mensajes de acuerdo, aunque hay poco margen para cambiar la reforma. Javier Arenas es el más interesado en bajar la tensión y la vicepresidenta remató ese mensaje conciliador: “El Gobierno tiene voluntad de negociar para enriquecer ese texto. Estudiaremos todas las enmiendas con interés”.

Pero remató con otro mensaje a los sindicatos. “Estamos a favor de las enmiendas para crear empleo, ahora, si es para reforzar el poder de algunos, no estamos en eso”.