Política
TRIBUNA

Crisis política

La angustia en la que viven la mayor parte de los ciudadanos resulta cada vez más perceptible

La democracia como forma política ha descansado en el concepto de dignidad del ser humano. La dignidad es lo que diferencia al ser humano de todos los demás individuos del reino animal. Y dicha dignidad se traduce en que cada ser humano es portador de una voluntad propia y nadie puede ser degradado a la condición de instrumento de una voluntad ajena. Supone la negación de cualquier tipo de servidumbre. La dignidad exige un mínimo de autonomía personal.

La democracia es la expresión política de este concepto de dignidad humana. Cada individuo es portador de una voluntad propia y la sociedad integrada por tales individuos tiene que tener también una voluntad propia, voluntad que tiene que constituirse a través de la manifestación de voluntad de dichos individuos. A través del proceso de participación de cada individuo en condiciones de igualdad en la formación de la voluntad de la sociedad, de la voluntad general, es como el individuo adquiere la condición de ciudadano.

En la autonomía personal con el límite de la voluntad general es en lo que consiste el tejido de la democracia. Sin que esté garantizado un mínimo de autonomía personal a cada ciudadano, no es posible que una sociedad pueda definirse como democrática. Pero tampoco puede definirse como democracia una sociedad en la que el proceso de formación de la voluntad general tampoco goce de un mínimo de autonomía. La conexión entre la autonomía personal, la autonomía individual, y la autonomía política, la autonomía de la sociedad de la que el individuo forma parte, es muy intensa. La reducción de la autonomía política de la sociedad frente al exterior acaba traduciéndose por lo general en una reducción de la autonomía personal en el interior.

Esto es lo que está sucediendo en este momento en buena parte de los países integrados en la Unión Europea. La proyección de la pérdida de autonomía de algunos Estados miembros en la pérdida de autonomía personal de sus ciudadanos está alcanzando límites literalmente insoportables. La imagen de la funcionaria griega deslizándose hacia el suicidio ante el temor a ser despedida la hemos visto esta misma semana. Sin llegar a ese extremo, la angustia en la que viven la mayor parte de los ciudadanos de varios países, entre ellos el nuestro, resulta cada vez más perceptible. Y así no puede mantenerse la democracia como forma política.

Se pueden hacer cesiones de soberanía en el proceso de construcción de una organización supranacional. No hay otra forma de conseguir ese objetivo. Y toda cesión de soberanía supone una pérdida de parte de la antigua autonomía política que se tenía como Estado soberano e independiente. Pero es una pérdida que debe ser compensada con la adquisición de algún tipo de autonomía en la toma de decisiones de la nueva instancia supranacional. Si la pérdida de autonomía es completa, el proceso de construcción de la instancia supranacional tiene que acabar en un fracaso.

Estamos en medio de una crisis económica de una envergadura extraordinaria, pero estamos al mismo tiempo a las puertas de una crisis política todavía peor. En todos los países se está produciendo un condicionamiento bastante intenso en el proceso de formación de la voluntad general, pero en algunos se está llegando al falseamiento del mismo. En abril se van a celebrar elecciones generales en Grecia. La operación de rescate por parte de la Unión Europea se ha dejado en suspenso hasta después de las elecciones. ¿Pueden ser consideradas esas elecciones unas elecciones libres?

Pero no hay que llegar tan lejos para advertir el falseamiento en el proceso de formación de la voluntad general. En España hemos tenido unas elecciones el pasado 20-N, una investidura de nuevo presidente del Gobierno el 21 de diciembre y vamos a tener elecciones autonómicas el 25 de marzo en Asturias y Andalucía. La ocultación del programa por parte del candidato del partido que se daba por seguro que iba a ser el ganador de las elecciones ha sido la norma.

Nada se dijo en la campaña electoral y en el debate en televisión con el candidato del partido de la oposición de lo que se iba a hacer. En el debate de investidura se dijo en algunos temas muy importantes lo contrario de lo que se iba a hacer días después en el primer Consejo de Ministros. Y ahora se está reteniendo la presentación de los Presupuestos Generales del Estado hasta después del 25 de marzo, a fin de que los ciudadanos asturianos y andaluces acudan a las urnas sin saber lo que el Gobierno se propone hacer.

La democracia se está convirtiendo en un envoltorio carente de contenido, que recurre cada vez con más frecuencia, si no a la mentira, a la ocultación de la verdad. Así no se puede seguir.

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