Política

Chacón & compañía

El influyente entorno de la exministra levanta profundas suspicacias en un sector del partido

Carme Chacón, en una imagen de archivo. / CARLES RIBAS

En las primarias del PSOE, el elector puede mirar a la cara al candidato, prometerle el voto y traicionarle con una sonrisa. Son comicios que se van a solventar en un acto secreto protagonizado por 956 delegados en medio de un ambiente confuso y enrarecido: la militancia socialista todavía no ha acabado de recoger los escombros de los desastres del año 2011. En esas circunstancias, cualquier cálculo es muy arriesgado. Los dos únicos antecedentes (Borrell y Zapatero) hablan de triunfos del aspirante. Esa condición la ostenta Carme Chacón, la primera mujer que aspira al máximo cargo en el socialismo español. Una candidata tenaz que ha hecho un recorrido político a la carta desde que tuviera acceso a las inmediaciones de La Moncloa. ¿Tiene además liderazgo? Ese es su reto. En medio de una campaña eficaz, rodeada de eslóganes, Chacón vende renovación a pesar de estar rodeada de casi todo el equipo original de Zapatero. Y ese entorno despierta mucho rechazo en zonas influyentes del partido. Ferraz ha vuelto al escenario bélico.

Altos cargos del partido se refieren a gente como Javier de Paz y Miguel Barroso con el apelativo de “PSOE SA”

 

Barroso, exsecretario de Estado de Zapatero, nunca ha dejado de intervenir en la actividad de su esposa

Esta vez no es una reedición de las disputas entre familias socialistas. Ya no hay corrientes, se han ido extinguiendo, adormecido el partido por el dominio absoluto que llegó a ejercer Zapatero. La prueba fue el 15-M: una protesta como esa, protagonizada por jóvenes con aspecto contestatario, divulgada en redes sociales, sorprendió a los socialistas en la mesa camilla delante del televisor. Ahora solo queda un cúmulo de dirigentes locales, provinciales y regionales descolocados, generalmente mal avenidos, posiblemente enfadados con el aparato. Y tienen que elegir entre un Rubalcaba ya conocido y Chacón, que en el fondo vende más de lo mismo: o sea, más Zapatero. No parecen dos opciones muy estimulantes para levantar el ánimo de un electorado. Sin embargo, bajo ese aspecto de duelo descafeinado, entre frases respetuosas y mensajes de unidad, se oculta una disputa virulenta pero también peligrosa. Una pugna en la que algunos analistas contemplan el riesgo de que el partido se deslice hacia la irrelevancia.

Carmen Chacón y su esposo, Miguel Barroso. / ZIPI (EFE)

No es una cuestión puramente ideológica. Hay una parte del partido que desconfía del entorno de Carme Chacón, de quienes se están incorporando a su campaña de forma más o menos soterrada, todos ellos procedentes de las filas de Zapatero. Y de quienes están en la cocina de la candidatura desde hace mucho tiempo. Gente todavía con mucho peso en el partido manifiesta lo siguiente en conversaciones privadas: “Rubalcaba se presenta para evitar que el partido caiga en manos de un conglomerado de intereses variados que son los que han hecho perder músculo al partido”. Y sigue: “El tema preocupa y mucho. Es de hecho el tema sobre el que pivota este congreso. Ya hemos visto qué resultado ha dado en el PSOE la influencia de determinados personajes. No podemos dejar el partido en manos de quienes han provocado una pérdida de fuerza como no habíamos visto y nos han llevado al desastre”.

Estos altos cargos del partido se refieren fundamentalmente al círculo de amistades de Zapatero, a gente como Javier de Paz y Miguel Barroso, un dúo conocido en ciertos círculos del PSOE como “PSOE SA” y que ha tendido una red de influencias e intereses. Se trata de profesionales que, según miembros del anterior Gobierno, ha estado actuando para Moncloa ininterrumpidamente, asesorando a Zapatero por encima de sus ministros y fuera incluso del núcleo duro que, en un momento dado, llegaron a formar Zapatero, Rubalcaba y Blanco. Ellos y sus círculos han tomado posición en torno a Chacón. Y, como afirma un miembro de la actual ejecutiva, “se trata de gente del exterior, que viene de fuera, que no pertenece al partido o estuvo en tiempo y lo dejó, y que tiene ahora unos intereses que no conocemos”.

Todo ha estado preparado. Mucha gente de Moncloa se ha pasado a la candidatura de Chacón

 

Parte de la estrategia

de la candidatura se elabora fuera del partido, según afirma un militante de Madrid

A esta influencia del exterior se une la concentración cada vez más intensa alrededor de Chacón de quienes se han mantenido fieles al presidente. La candidatura de Chacón se convierte, en una parte, en la reserva espiritual del zapaterismo. Porque hay que tener en cuenta que pugnan por la elección dos candidatos bien diferenciados en cierto aspecto: de uno se sabe prácticamente todo porque lo ha sido casi todo, así que es el otro, Chacón y su red de apoyo, hasta ahora poco conocida, quien centra las miradas de un importante sector del partido. Y ahí está la incertidumbre.

Porque las consecuencias de lo sucedido en la primavera pasada siguen vigentes. La violencia interna no ha desaparecido. Entre las municipales y las generales hubo movimiento de sables en el PSOE. No había ocurrido nunca: la cabeza del presidente estuvo a punto de rodar por Moncloa debido a un golpe propinado en Ferraz. Eso significó la propuesta de un Congreso extraordinario auspiciada por Patxi López, el líder de los socialistas vascos. Todo quedó en un cierre de filas en torno a Rubalcaba como candidato y una renuncia expresa de Chacón con lágrimas en los ojos ante las cámaras de televisión. Ese intento de golpe fue un anticipo de lo que se cuece en el PSOE estos días.

Javier de Paz. / BERNARDO PÉREZ

Y entre tanto, Zapatero disfruta de una cómoda posición: aparenta neutralidad y parece a salvo de las críticas a su gestión.

Es en este escenario como Carme Chacón llega al punto de inflexión de su carrera, aquel a partir del cual o alcanzas el liderazgo o empiezas a no ser nadie en el partido y te terminan buscando una plaza en Europa. El camino entre su militancia en las Juventudes Socialistas a los 16 años y su candidatura a la secretaría general del PSOE reúne todas las condiciones de un trayecto ordenado y bien dirigido: militante, candidata, diputada, concejala, miembro del comité federal, vicepresidenta del Congreso y ministra durante casi cuatro años.

Jaume Roures. / EFE (JULIÁN MARTÍN)

Es en el año 2000 donde el destino hace su jugada: Chacón apuesta por la candidatura de Zapatero al congreso del partido. A partir de ahí, una naciente carrera de diputada se une a un caballo ganador. Y el azar hace de las suyas: Chacón entra en el área de trabajo de Rubalcaba, en Educación, con quien colabora muy estrechamente, y quien ejerce cierto padrinazgo. Chacón se perfila como una dura opositora contra la ministra Pilar del Castillo. “Hace algo que no es frecuente: presenta una enmienda a la totalidad con un texto alternativo supervisado por ella”. Chacón gana enteros pero no es más que una diputada prometedora. Rubalcaba se dedica los últimos meses de la legislatura a trabajar con Zapatero en la campaña electoral del 2004. Allí colaborará con un viejo conocido, Miguel Barroso, con quien ya trabajó en el Ministerio de Educación con Maravall. Dos expertos en comunicación política que terminan entrando en el núcleo duro de La Moncloa a partir de la victoria del 14 de marzo. Ambos terminarán chocando frontalmente. Tanto es así que hay reuniones que dejan de celebrarse en Moncloa porque resultan incompatibles. Entonces, el destino hace una nueva pirueta: Carme Chacón se convierte en la esposa de Miguel Barroso.

Nace un triángulo, Rubalcaba-Chacón-Barroso, a partir del cual se van a explicar muchas cosas en el PSOE. Hechos que han sucedido y hechos por suceder.

El tiempo empieza a correr muy deprisa para Carme Chacón. Arranca la legislatura como vicepresidenta del Congreso al lado de Manuel Marín. Gana prestigio como una diputada concienzuda, aunque otros la tachan de dogmática, pero también como una persona cercana y abierta a la negociación. “Era una de las que engrasaban las relaciones entre el PSOE y el PSC”. Estrena su cargo como ministra de Vivienda. Se casa. Se convierte en la primera mujer que dirige el Ministerio de Defensa. Tiene un hijo.

Javier de Paz fue el contacto de Zapatero con la élite empresarial, su hombre para ocasiones especiales

 

Sobre mí se ha

creado una leyenda

que sobrepasa

todas las cosas, se defiende el aludido

 

Su llegada a Defensa es un salto cualitativo. Miguel Barroso llegó a comentar que “Zapatero era una persona que veía la política en imágenes”. La foto de una mujer embarazada al frente de los militares era perfecta. A partir de ese momento, la carrera de Chacón parece lanzada: pertenece al núcleo duro de la Moncloa y se la empieza a señalar como “la sucesora”. Los propios asesores de la Embajada norteamericana lo dejan claro en sus cables, que luego destaparía Wikileaks: “Chacón es joven, inexperta en temas de Defensa, pero sería un grave error minusvalorarla”, dicen en una primera toma. “Se rumorea”, agregaba el documento, “que Zapatero se plantea no ser candidato en 2012 y que pretende que Chacón sea su sucesora. Sea cierto o no, Chacón es una pieza poderosa”. Un informe confidencial del 25 de septiembre de 2008 dice lo siguiente: “La ministra nos ha impresionado en sus primeros meses al frente de Defensa como una persona seria que quiere trabajar con EE UU. Las dudas sobre ella aireadas por algunos de nuestros contactos militares (demasiado joven, demasiado inexperta) han desaparecido. Chacón y su marido, un ex director de comunicación de Zapatero [Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación], son personas muy próximas a Zapatero”. Los norteamericanos dicen lo que todo el mundo sabe dentro del partido: el tique candidata Chacón-asesor Barroso es el futuro diseñado por Zapatero, como en su día Aznar quiso guiar el de Mariano Rajoy. La única diferencia es que Rajoy iba solo. Sin familia. Y Chacón, no.

Chacón contaba con un experto en casa: su marido, Miguel Barroso, un asesor presidencial por otra parte. ¿Se puede diferenciar entre lo público y lo privado en un caso así? Barroso pareció resolver sus dudas muy rápido: nunca ha dejado de interferir en la actividad de su esposa.

Barroso había dejado la Secretaría de Estado de Comunicación en septiembre de 2005 tras haber cerrado las líneas maestras de su gran obra: la reordenación del sector audiovisual, el apagón analógico y el reparto de nuevas licencias de televisión digital (TDT). Antiguos socios y colaboradores suyos se contaban entre los beneficiarios de las nuevas emisoras, sobre todo por lo que respecta a La Sexta y a la productora Mediapro. Barroso había establecido su cuartel general en la Casa de América, donde ejerció la dirección de dicha institución, pero lejos de mantenerse en un plano alejado respecto de la carrera política de su esposa, se convirtió en una figura que sobrevolaba por entre los gabinetes de Chacón.

No podemos dejar el partido en manos de quienes han provocado una pérdida de fuerza como no habíamos visto

 

La candidatura de Chacón se convierte, en una parte, en la

reserva espiritual del zapaterismo

Chacón no tuvo tiempo de hacer grandes cosas en Vivienda. Su paso fue efímero: “Vivienda era un ministerio artificial, sin competencias reales, casi hecho por capricho”, cuenta un ex alto cargo. “Cuando llega Chacón, se trató de buscar algo diferencial, un alquiler para jóvenes, y nos pusimos a trabajar. En la parte jurídica nos ayudó Francisco Caamaño, para evitar que se invadiera competencias con las Comunidades Autónomas, que estaba por entonces en Presidencia, en Relaciones con las Cortes. Estaba descartado hacer una ley y había que ir por la fórmula del real decreto. Nos pusimos a trabajar con mucha velocidad... Apareció una vez por ahí Barroso. Yo le conocía: era un tipo rápido, que se movía por eslóganes y tenía una relación muy directa con ZP y escasa con María Teresa Fernández de la Vega. Al principio, no le di importancia: decía que venía a recoger a Carme. Pero sí me extrañó que viniera una segunda vez, para tratar este asunto con el equipo directivo. A la segunda ya no pareció accidental. Ya no hubo más reuniones de esas en el ministerio, porque notaron la incomodidad de algunos de los participantes. Pero sí las hubo en la Casa de América. A la vuelta me lo contaron. Siempre hay un agente doble en todo esto”.

Por cierto, Chacón tuvo la oportunidad, de la que ningún otro ministro llegó a disfrutar, de anunciar esta medida en la escalinata de La Moncloa. Allí, en ese escenario, Chacón hizo anuncio solemne de su primera medida como ministra. Le había costado, dijo, “70 días y casi 70 noches de trabajo”. En el fondo este gran anuncio no fue otra cosa que un pequeño retoque de una norma adoptada meses antes por la ministra María Antonia Trujillo.

En Defensa sucedió algo parecido. Al menos durante un tiempo. Para remate, el matrimonio vivía en el piso de arriba del ministerio. Estas interferencias le hacían un flaco favor a Chacón, según un ex colaborador: “Barroso estaba demasiado pendiente de la imagen de su mujer. Ella creía que él la estaba ayudando a moldearse. Otros pensábamos que lo que hacía era crearla inseguridades”. Chacón se prodigó muy poco en conferencias de prensa durante su mandato en Defensa. Según unos colaboradores, eso se explica porque se trataba de un ministerio muy institucional. Según otros, fue decisión de Barroso.

Esta intromisión del marido en la carrera de su cónyuge, esa obsesión por controlar su imagen, no fue más que un comentario en cenáculos políticos durante algún tiempo. La situación tampoco era muy discreta porque Barroso no se cortaba a la hora de llamar a sus contactos en las redacciones de los medios de comunicación. Pero en la medida en la que a Chacón se la veía cada vez menos como ministra y más como candidata, estos detalles y su nuevo entorno comenzaron a cobrar otra dimensión dentro del partido. Así, la decisión de Chacón ha condicionado desde la derrota en las municipales todos los movimientos del partido. Tanto cuando hizo un amago de pedir primarias antes de las generales como después, Chacón no ha tenido duda alguna. La tuvo Rubalcaba. Las tuvieron otros. Chacón, nunca.

La entonces ministra de Defensa, durante una rueda de prensa del presidente Rodríguez Zapatero, en La Moncloa. / CLAUDIO ÁLVAREZ

De ahí nace la desconfianza. Todo ha estado preparado para el momento oportuno: la operación estaba diseñada en La Moncloa, fuera de La Moncloa y, en cualquier caso, al margen de las áreas del partido. Y nada más dar el primer paso, en Olula del Río (Almería) y anunciar que se presentaría, Chacón ya tenía una campaña diseñada hasta el último detalle. En pocos días, se ha ido produciendo un trasvase de gente desde La Moncloa hasta la sede de la candidatura. Un caso es Angélica Rubio, quien le llevó las tareas de prensa a Zapatero durante sus siete años y medio como presidente. Otro es Gertrudis, la secretaria de Zapatero, dueña de una de las mejores agendas del partido, una persona que, según dicen, odia a José Blanco y a Rubalcaba. Luego, los actores de reparto: los diputados que prestan su apoyo, como José Andrés Torres Mora, Juan Francisco López Aguilar, Leire Pajín, Caamaño, Miguel Ángel Moratinos... Un caso que ha sorprendido ha sido el de José María Barreda, el ex presidente manchego, de quien no se conocían sus inclinaciones hacia Chacón: ahora se sabe también que fue compañero de su marido en sus tiempos mozos en Ciudad Real. Finalmente, está el grupo afín a Chacón en el PSC, compuesto finalmente por José Zaragoza, Daniel Fernández y Teresa Cunillera.

Una parte de la estrategia de la candidatura de Chacón se diseña fuera del partido. Así lo confirma un alto cargo que es militante por Madrid: “Luis Arroyo me llamó para colaborar con la candidatura. Me comentó que podría ir en las listas de Tomás Gómez, pero que esas listas iban a terminar apoyando a Chacón. Me dijo con toda crudeza que Gómez iba a adoptar inicialmente una estrategia de distanciamiento respecto a Chacón porque era lo que más les convenía a los dos”. ¿Quién es Luis Arroyo? Un hombre de Miguel Barroso, otro experto en comunicación política, colaborador suyo en numerosas ocasiones y ex jefe de gabinete de Chacón en el Ministerio de Vivienda.

Luis Arroyo trabaja fuera del PSOE. Como lo hace Miguel Barroso: “Todo lo reduce a una buena frase y una gran sonrisa”, dice un miembro del partido. “Se hizo secretario de Estado para montar un emporio de comunicación a costa de dar muchos problemas al PSOE y al Gobierno; y ahora, los propios medios a los que impulsó han acabado en manos de Planeta (La Sexta) y en suspensión de pagos (Público)”. Uno de los más beneficiados por el Gobierno de Zapatero y la gestión de Barroso es el empresario Jaume Roures, principal accionista de la productora Mediapro y la compañía Imagina, entre otras. Pues bien, una de sus empresas produce la señal que ofrece a las televisiones las imágenes de los actos de la campaña de Carme Chacón. “Sabemos que enviar esa señal por satélite cuesta entre 10.000 y 12.000 euros por mitin”, reconoce un miembro de la ejecutiva, “y lo que podemos asegurar es que ese dinero no lo paga el partido, desde luego”. Barroso es actualmente consejero delegado de la multinacional Yong & Rubicam, una de las grandes agencias de publicidad, empresa que participa también en el accionariado de Imagina. Aunque siempre ha hecho ostentación de saber separar entre su actividad privada y su parcela política, la compañía ha realizado muchas campañas institucionales aprobadas por el Gobierno central o las autonomías socialistas. Una de las últimas, contratada por el Principado de Asturias cuya gestión fue facturada a través de terceras empresas, que es un procedimiento habitual para evitar incomodidades.

Y fuera está también el siempre enigmático Javier de Paz (1958), un hombre que entró en las Juventudes Socialistas a los 15 años, donde alcanzó la secretaría general en 1984, y terminó siendo un alto ejecutivo de Telefónica, un profesional con las espaldas cubiertas “sin haber hecho un negocio ni haber creado una sociedad”, como gusta decir entre sus amistades. Javier de Paz es el amigo de Zapatero, su contacto con la élite empresarial, su hombre para ocasiones especiales, el compañero en los momentos difíciles, como cuando le acompañó en el coche oficial a la sede de Ferraz la amarga noche de las últimas municipales. La relación entre ambos alcanza a sus respectivas parejas: la esposa de Javier de Paz, Ana Pérez Santamaría, ha ejercido como jefa de gabinete de la mujer de Zapatero desde su llegada a Moncloa.

De Javier de Paz no se conocen grandes acciones, ni grandes declaraciones ni actividades extraordinarias, ni siquiera que haya pasado de primer curso en sus estudios de Derecho. Es un hombre que ha hecho carrera desde tiempos de Felipe González, más fuera del partido que dentro. Ha sido director general de Comercio Interior, vicepresidente de la SEPI entre 1993 y 1996 y consejero de multitud de compañías, entre ellas de Tabacalera. Natural de Valladolid, es la persona que acompaña a Zapatero cuando este se instala en Madrid con su familia en el año 2000. De esa primera asistencia surge la amistad, que es recompensada: a los dos meses de llegar Zapatero al Gobierno, Javier de Paz es nombrado presidente de Mercasa, una sociedad pública. Y meses antes de que se celebren las elecciones de 2008 es fichado por Telefónica, donde entra en el Consejo de Administración de la empresa y preside su filial Atento entre otras. Según algunas fuentes, Javier de Paz ocupa actualmente 14 cargos en diferentes consejos, 11 de ellos relacionados con la telefonía.

Javier de Paz niega toda participación en la campaña: “No tengo influencia porque no participo de la vida orgánica del partido. No tengo información. No tengo nada que ver con todo esto. Soy amigo personal de Zapatero. Tengo una vida profesional y mis opiniones. Pero, vamos, sobre mí se ha creado una leyenda que sobrepasa todas las cosas. Soy amigo de Chacón, pero también de Rubalcaba. No participo en esta historia”.

Chacón se presenta como un proyecto de renovación para el partido. Sus mensajes están repletos de eslóganes, de frases precocinadas. Es una campaña muy preparada, mucho más elaborada que la de Rubalcaba a ojos de cualquier experto. No hay elementos de fondo ni discursos programáticos ante los militantes: Carme se dirige a las bases a la cara, apela a los sentimientos, a la promesa de un futuro mejor. Chacón ha repetido el mismo esquema en todas sus intervenciones: ha apelado al coraje, a la valentía de los militantes. Las frases se repiten ciudad por ciudad: “El socialismo es una casa y una causa que no tiene fronteras”, “a lo único que tenemos que tener miedo es al inmovilismo”, “ni un paso atrás en derechos de las mujeres”, “no hay que contar militantes, sino que los militantes cuenten”, “hay que recargar el partido”, “hay que poner el partido en forma”, “os invito a un tiempo nuevo”.

Y en todas sus intervenciones, apenas hay una crítica a la acción de Gobierno. Todos son elogios a la herencia recibida de Felipe González y, sobre todo, de Rodríguez Zapatero.

Sábado 7 de enero. Hotel Beatriz de Toledo. José Bono y José María Barreda están sentados uno al lado del otro, sin mirarse. Hablan y no se dirigen la mirada un solo momento. Se dan leña el uno al otro. Reproches. Se trata de ponerle un apellido a la derrota. Bono se queja de que no fue suficientemente defendido en su tierra por el acoso al que fue sometido a causa de su patrimonio. Le reprocha a Barreda tres portadas del diario Público. Barreda recuerda dolorosas herencias como la del hundimiento de la Caja Castilla-La Mancha o el desastre del aeropuerto de Ciudad Real. El debate es puro ajuste de cuentas, pero no llegan a mirarse a la cara. Y eso que están pegados el uno al otro. Hay gente que se va. Cuando acaba la sesión, casi dos terceras partes de los asistentes se habían marchado anticipadamente.

Ese mismo fin de semana, hubo también comité en Extremadura. Las noticias que llegaban de allí eran idénticas: Rodríguez (Ibarra) y Fernández (Vara) dándose caña el uno al otro. Al sur, Griñán no consigue hacerse con los mandos y cada fin de semana se encuentra con un altercado. “Se ha perdido mucho músculo”, dice un veterano diputado. “Había agrupaciones que no querían que se incrementara el número de afiliados. Es la primera vez que el PP tiene significativamente muchos más afiliados que nosotros. Ha desaparecido el miedo a votar a la derecha. La gente no va a respetar las delegaciones de votos. Hay un estado de desánimo no superado”, añade.

Así está el PSOE. En esas condiciones se celebra un congreso que debe tratar de levantar el ánimo general. El pronóstico es incierto, entre otras cosas porque son muchos los que piensan que hay menos aparato que nunca. El juego de alianzas puede dar sorpresas, salvo en un caso: el apoyo de los catalanes a Chacón. “Los delegados del PSC (101) pueden acabar decantando la elección”, asegura un buen conocedor del aparato del partido. “Siempre han tenido mucho peso, pero la diferencia ahora es que la candidata es uno de los suyos”, agrega. Son ventajas de la candidatura de Chacón, que ejerce de falsa modestia con la excusa de su juventud frente a su experto adversario: cuenta con un territorio que le apoya (Cataluña), una candidatura cocinada hace mucho tiempo, un diseño profesional con mayor despliegue de medios técnicos y económicos y unos apoyos externos poco identificados. La cuenta atrás ha empezado.

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