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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El PSOE se la juega

Josep Ramoneda

El PSOE se la juega y nos la juega. Se la juega: basta con repasar con la mirada el mapa político de España para darse cuenta de que la situación de los socialistas es crítica. Hay lugares tan importantes como Madrid y Valencia en los que se han convertido en un partido irrelevante, dejando de este modo el sistema político totalmente desequilibrado, con vía libre para el neoliberalismo autoritario de Esperanza Aguirre o para el despilfarro que ha hundido económicamente a la Comunidad Valenciana, sin coste electoral alguno para el PP. Y hay lugares que eran auténticos fortines socialistas, como Andalucía y Cataluña, en los que ha entrado en caída libre sin que se aviste dónde va a detenerse. Nos la juega: la crisis del PSOE deja a la democracia española totalmente descompensada, sin contrapeso para un PP, cómodamente instalado en la mayoría absoluta, con control casi monopolístico de las autonomías, que sabe que tiene margen para el desgaste porque no hay nadie delante en condiciones de recoger lo que la derecha pierda.

De modo que nuestro sistema político queda al albur de las querellas internas de la derecha y de sus amores económicos y desamores patrióticos con los nacionalistas periféricos, cuya capacidad de influencia se ha debilitado al no ser necesarios para completar la mayoría. La derecha tiene margen para desplegar todas sus fantasías y consolidar la hegemonía ideológica que conquistó en los años del aznarismo. En este sentido, el periodo Zapatero ha sido yermo: nada de lo que el presidente sembró ha germinado, ni siquiera en los territorios más abonados. Zapatero en siete años no ha debilitado un ápice la hegemonía ideológica conservadora.

La elección de secretario general del PSOE es, por tanto, vital para el partido pero también para el equilibrio del sistema político, alarmantemente escorado a la derecha. Por lo que sorprende, y hace dudar de que los socialistas sean conscientes del problema que tienen, que no haya aparecido ninguna figura nueva —pienso en Eduardo Madina, pero seguro que hay otros—, poco marcada por el pasado del partido, decidida a liderar la profunda renovación que el PSOE necesita.

Repiten, pues, los dos protagonistas del duelo frustrado de las primarias para elegir al candidato de las pasadas elecciones. Pero, ahora, unidos en la derrota: Rubalcaba cosechó un estrepitoso fracaso electoral en España, pero Chacón tiene el triste honor de haber sido la primera candidata socialista en perder el primer puesto en unas legislativas en Cataluña. ¿Son los dos perdedores los que tienen que levantar al PSOE de sus cenizas? Rubalcaba es un protagonista destacado de la historia moderna del socialismo español; Chacón es una zapaterista de la primera hora, directamente emparentada con esta fábrica de superficialidad que ha borrado al PSOE de media España. Que se presenten como adalides de la renovación y del cambio es un escarnio. ¿Qué han estado haciendo estos años?

Rubalcaba ha tenido, por lo menos, el pudor de evitar la retórica del cambio y de buscar credibilidad en alguna propuesta de política económica y social —lo que ya empezó a hacer en campaña—. Chacón ha optado, sin embargo, por mandar el pasado, del que ella forma parte, al baúl de la historia, y presentarse como portadora de un proyecto nuevo. Un proyecto que, de momento, permanece en el terreno de lo invisible, salvo en el juguete de moda, las primarias abiertas a los simpatizantes del partido. Eso sí, como ocurre siempre cuando la ideología flaquea, uno y otra se han envuelto en la bandera: Rubalcaba pide “una misma voz en todas las comunidades autónomas” y Chacón dice que el énfasis en la cuestión territorial les hizo mucho daño y que hay que mantener una sola voz, aunque sea con acentos distintos. Cataluña como acento, no es desde luego la mejor manera para recuperar terreno en su comunidad.

Un congreso que debería ser trascendental se ha convertido en un congreso de tránsito: la aceptación resignada de que la travesía del desierto será larga. Puestos en esta tesitura, la impresión de que Rubalcaba busca rearmar al partido con los mimbres actuales para estar a punto para coger el relevo si la crisis económica se llevara el PP por delante, pero que podría pasar el relevo a un candidato de futuro si el PP supera los obstáculos sin mayor desgaste, es un activo ante la imprecisa retórica de futuro de su adversaria. El PSOE se la juega, con dos rostros políticamente muy trabajados. ¿Habrá actuado como freno para las posibles caras nuevas el espejismo Zapatero?

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