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DOS AÑOS SIN ATENTADOS DE ETA EN ESPAÑA

La presión policial y el éxito político de Bildu empujan a ETA hacia su final

Policía y Guardia Civil apuntan que la banda está perdiendo la pugna con la izquierda ‘abertzale’

ETA vive una de las situaciones más extrañas de su historia. La incesante presión policial la ha dejado más débil que nunca, lo que hace muy difícil la vuelta a su actividad armada. Pero las fuerzas de seguridad son el enemigo con el que ETA siempre ha contado. La novedad es el frente que se le ha abierto con el éxito político de la izquierda abertzale, capitalizado por Bildu y empujado por Arnaldo Otegi, que presiona —y es presionada— para que se acabe de una vez la violencia y la banda anuncie su disolución, según fuentes de los servicios antiterroristas de la Policía y la Guardia Civil.

“ETA tiene su propia pugna con la izquierda abertzale, que está practicando una política de hechos consumados para que no vuelva la violencia y, de momento, va ganando porque la banda está débil y no puede enfrentarse”, aseguran las fuentes. Es decir, que el éxito político de Bildu está arrinconando a ETA. Lo que no quiere decir que ETA, que lleva dos años sin atentar y casi un año en tregua, se haya quedado parada. Sigue a lo suyo, salvo matar. Ejemplo: el zulo hallado este viernes en Mauleon-Licharre, con detonadores y documentación en euskera, no estaba allí una semana antes.

Los expertos creen que la banda está débil para imponerse a sus bases

Los servicios antiterroristas insisten en que ETA lleva casi un año debatiendo sobre su final y que el comunicado de que el terrorismo se acaba, ansiado por una amplia mayoría de su base social (presos incluidos), no acaba de llegar. La izquierda abertzale lleva casi medio año transmitiendo que la banda se ha acabado, que “el ciclo de violencia se ha terminado” y que el comunicado anunciando el final está cada vez más cerca. “Están en ese proceso para ver qué hacen y cómo lo hacen... Pero necesitan tiempo para gestionar sus propios enfrentamientos y lograr una posición común”, firman las fuentes.

Según los expertos antiterroristas, la izquierda abertzale —entre cuyas bases existe un “creciente apoyo popular para el fin de la actividad terrorista”, según informes policiales— es consciente de la debilidad de la banda y de que “los de las pistolas” se han quedado sin pesos pesados y sin lo que un mando antiterrorista de la Guardia Civil define como “venados de la lucha armada” o acérrimos defensores del terrorismo a toda costa, como lo eran Garikoitz Aspiazu, Txeroki, o Mikel Karrera Sarobe, Ata.

En Interior están convencidos de que sin los golpes policiales que llevaron a detenciones como esas, sin la presión contra ETA en todos los frentes, ni en la banda se estaría debatiendo el final ni la izquierda abertzale habría dado pasos para replantearse la violencia y optar por vías exclusivamente políticas. “Y la izquierda abertzale está practicando en este sentido una política de hechos consumados, a los que ETA no puede enfrentarse porque no tiene la fuerza que ha tenido antes”, aseguran las fuentes. Es por ello por lo que la banda está en la línea de “profundizar el camino emprendido”, lo que, en una situación de tregua, de debilidad, de falta de vocaciones entre sus filas o de dinero, apunta al final definitivo. Pero pasan los meses, y no llega.

Los presos, de hecho, están convencidos de que el anuncio del final es cuestión de tiempo. “La decisión ya está tomada, no entiendo a lo que se está esperando” en ETA para transmitirlo, comentaba uno de ellos en prisión. “Si hemos dicho que se ha acabado, se ha acabado”, matizaba otro en una conversación intervenida.

ETA sigue activa: el último ‘zulo’ hallado no estaba allí hace una semana

La opinión de los presos pesa en ETA, pero poco. La banda acostumbra a tomar sus decisiones de calado mediante procesos asamblearios, en los que los presos suelen tener un papel marginal. “Como no pueden reunirse, lo que hacen es tomar la opinión de los presos, de los etarras que están en el sur de América, de la dirección y de la gente del interior [en referencia a los dirigentes abertzales y de otros sectores]. Están en el proceso en el que están, es el de dejarlo, pero la cuestión es cómo”, afirma un comisario antiterrorista de la policía. “Pero ahora la pugna importante es entre ETA y la izquierda abertzale, que insiste en que ETA se ha rendido y que insiste en que va a haber un comunicado que no acaba de llegar”, matiza un mando de la Guardia Civil.

La convocatoria de elecciones para el 20-N lo habría cambiado todo. Fuentes de la policía, la Guardia Civil e Interior afirman que ETA va a esperar a ver quién gana y también el poder que adquiere la izquierda abertzale. “Lo que preferirían es que a esas elecciones fuera Sortu, que son ellos-ellos, y no Bildu, que son ellos con otros [EA y Alternativa] que han condenado históricamente la violencia”, precisan las fuentes. La pregunta que se hacen es: ¿Puede volver ETA sin Bildu o Sortu lograse un grupo parlamentario propio y, por tanto, más poder en el Congreso que nunca? Lo único claro, a juicio de estas fuentes, es que lo más probable es que ETA no se mueva ni anuncie nada nuevo hasta las elecciones.

Lo cierto es que, a pesar de la tregua, ETA sigue trabajando. La Policía y la Guardia Civil aseguran que la organización no ha enviado ni comandos ni material a España, con lo que está cumpliendo la tregua que abrió en septiembre pasado, pero también que en Francia sigue actuando, moviéndose. El ejemplo que citan es el zulo de Mauleon-Licharre, descubierto el viernes pasado por un amante de las setas que las buscaba por el bosque. “La semana anterior ese zulo no estaba allí”, asegura un mando de la Guardia Civil.

Un proceso asambleario sin asamblea

ETA toma sus grandes decisiones en asamblea, pero, ¿cómo puedes mantener un proceso asambleario si la policía y la Guardia Civil no te los permiten y la presión te impide moverte con libertad? Durante la anterior tregua, la banda celebró encuentros virtuales de difícil verificación para decidir sobre su futuro, en los que sus distintos sectores hacían aportaciones, que se plasmaban en un documento único. Lo que, al final, dejó en manos de la dirección la decisión, porque nadie pudo visar el peso de las distintas aportaciones en favor o no de seguir.

Fuentes policiales apuntan a la posibilidad de que dicha asamblea se acabe reduciendo a una reunión “de ocho o nueve representantes” que lleven las aportaciones de los diferentes sectores: los etarras ocultos en América (sobre todo Cuba y Venezuela), los presos (los hay durísimos, como los que están en la cárcel de El Puerto de Santa María, y otros decididos a que el terror acabe), los que siguen dispersos por Francia y la propia dirección.

El peso que puedan tener los presos en ese proceso es una de las claves, ya que ETA tiene a casi 800 reclusos entre Francia y España. “La decisión de dejar la violencia no la pueden tomar los presos en solitario; pueden hacer una aportación, pero nada más”, coinciden Policía y Guardia Civil.

Bildu ha prodigado desde su ascenso al poder en el País Vasco sus acercamientos al colectivo de presos etarras agrupado en el movimiento Etxerat, pero también le ha denegado permiso para montar una caseta festiva en las fiestas de San Sebastián. Las fuentes interpretan que Bildu pretende hacerles ver que “aunque ETA lo haga, ellos sí que no van a dejar a los presos en la estacada”.

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